martes, 6 de enero de 2009

Personalidad y estilo de dirección

Pensando en la relación entre la forma de ser y la manera de llevar a cabo el rol de dirección, me he acordado de lo que apuntaba Manfred F.R. Kets de Vries, autor de un clásico del management que seguramente tod@s conocéis: La Organización Neurótica (en este país apareció por el 93).

Si recordáis, en este libro el autor afirma que:
  • - Bajo el maquillaje de la formación, técnicas y metodologías de dirección, dejémonos de puñetas, la personalidad de los directiv@s es lo que realmente determina la manera cómo se hacen las cosas y el diseño de la estructura organizativa.

    - Esta personalidad tiende, lógicamente, a rodearse de colaboradores y a impulsar modelos de trabajo que estén en sintonía con ella. Si algo no encaja… se rechaza sin más.

    - Esta personalidad a veces es conveniente y sintoniza con las necesidades de la organización en un momento dado.

    - Pero, la dificultad para cambiar la manera de ser determina que, cuando se requiere otro estilo de dirección, la organización padezca y se resienta de la forma de ser del directiv@ en aquel momento.
El autor distingue cinco estilos fundamentales, y los denomina mediante una terminología peculiar, relacionando cada estilo con una manera de pensar que explicaría su forma de actuar:

  • Paranoide: No puedo fiarme de nadie. Hay algo indeterminado que me amenaza. He de estar alerta…

  • Compulsivo: No quiero depender de nadie, he de dominar y controlar todo aquello que me afecta…

  • Dramático: Quiero captar la atención e impresionar a la gente que me importa…-

  • Depresivo: Es inútil intentar cambiar el rumbo de mi vida, sencillamente no soy suficientemente buen@...-

  • Esquizoide: El mundo real no me ofrece ninguna satisfacción. Al final siempre fracaso o lo hago mal, lo mejor es ser distante...
Según parece, cada directi@ se acerca a alguno de los estilos descritos…

10 comentarios:

  1. Otra perspectiva más psicológica y menos psiquiátrica (uf¡), se basaría en describir a las personas con responsabilidad directiva en función de sus motivaciones, que pueden estar más relacionadas con el poder y el dinero, por ejemplo, con la planificación y el cumplimiento de objetivos, con el bienestar de las personas que supervisa, con las habilidades que tiene (si es un martillo se siente más cómodo viendo clavos por todos lados), etc.

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  2. Cierto que la clasificación que propones tiene un enfoque más amable (¿).
    La gracia del libro de DE VRIES, estriba en el título que amplia graciosamente en el prólogo. Su enfoque (más psicopatológico que psiquiátrico desde mi punto de vista) habla de organizaciones neuróticas, pero no a partir del síntoma sino de las base de la motivación. Comenta que es extraño que el conocimiento psicopatológico no cruce las fronteras de los divanes o de los consultorios y sirva para explicar aspectos que, de otra manera, permanecen camuflados.
    Aun así, personalmente no me caso con esas ideas (con ninguna diría yo…) aunque, en el caso de Catalunya, me ha servido para orientar la reflexión sobre el porqué de ciertas actitudes de nuestros políticos, algunos de los cuales (los más notorios) son fáciles de entrever en los cinco estilos.
    Me ha encantado lo del “martillo” y no he podido dejar de sonreír pensando en otros objetos, por ejemplo, si uno se siente escoba o taza de water.
    Gracias por pasarte por aquí y dialogar. Un abrazo.

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  3. Todos tenemos neurosis en un estado u otro de intensidad y desarollo (buff! ;-). Un buen directivo quizás es alguien que se conoce lo suficiente como para saber mantenerse en un equilibrio razonable de todas sus pulsiones.

    También creo que los objetivos son determinantes en el estilo, pero hay algo que me parece común. Un buen directivo (lider) se sabe poner al servicio de los objetivos del equipo (y no al revés). Y esto es muy difícil hacerlo.

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  4. Yo, sinceramente, creo que, ya lo comenté un día, un buen directivo es alguien básicamente “normal” que lleva a cabo su trabajo con sentido común…sin amaneramientos…
    No sé si los objetivos son determinantes en el estilo o si el estilo determina que pueda haber objetivos… he visto tantas cosas que ya estoy un poco desencantado en este sentido…
    Me gusta tu enfoque pero, personalmente, invertiría otra vez los términos y, utilizando tu comentario, aportaría el hecho de que dirigir consiste en alinear al equipo con los objetivos (de proyecto, de la organización, etc) eso sí, de buen rollo y atento a las posibilidades. Si no, ¿qué objetivos podrían hacer que un equipo lo fuera en sí mismo?
    Sobre líderes no puedo afirmar nada, mala suerte la mía, sólo he conocido a dos últimamente y, mucho me temo que son la excepción que confirma MI regla…
    Cómo me alegra que te pases por aquí Odilas…te aseguro que si voy a tomarme una copa y encuentro a alguien leyendo la contra de La Vanguardia, me acerco a saludarte y a departir contigo. Sería una caña!! Un abrazo.

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  5. Quedamos cuando quieras. Yo pongo La Vanguardia ;-)

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  6. Como toda clasificación, la que utiliza el señor Kets de Vries es reduccionista. Intenta simplificar en exceso algo que es, por definición, complejo. Pero hay que reconocer que su análisis no está exento de razón y, la verdad, reconozco en cada estilo que define a un@ o vari@s directiv@s que conozco...

    En mi experiencia en la tarea de dirigir equipos, intento aproximarme a lo que Manel expresa muy bien: alinear al equipo con los objetivos. Lo cual no es fácil. Creo que una de las claves es, sobretodo, ser transparente, transmitir confianza y detectar los puntos fuertes de cada colaborador/a para apoyar en ellos el impulso del proyecto.

    Mònica

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  7. Los buenos directivos son como los amigos, no los descubres hasta que las circunstancias no desfavorables. Dirigir un equipo de excelentes profesionales, automotivados y responsables es relativamente fácil. Otra cosa es tirar del carro con gracia cuando el viento nos va en contra. Y eso no te lo da ni un MBA ni el coaching si la personalidad o la calidad humana de una persona no acompañan.

    Es cierto que la visión del autor nos puede parecer reduccionista o simplista, pero cabe reconocer que -quien mas, quien menos- todos acabamos estableciendo ciertos patrones para clasificar a nuestros jefes. Y te sorprende descubrir que con cuatro o cinco modelos puedes cubrir todo el abanico.

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  8. Hay un sexto estilo, que es el opuesto al depresivo: el maníaco, también conocido como "se me ha ocurrido esto en la ducha y vamos a ponerlo en práctica".

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  9. Del que define Alorza también he tenido alguno y siempre he deseado que fuera menos adepto de las duchas creativas: prefiero que castiguen mi pituitaria que la neurona. ;-)

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  10. Mònica: totalmente de acuerdo... y mira que es difícil, pero en tu caso, posible.

    Alorza, Anna:
    Cierto!! Nada peor que el maniaco-creativo-con memoria…(por aquello de que, además, con el tiempo va y se acuerda de sus ocurrencias …). Este perfil faltaba. Es como para hacerle una sugerencia de ampliación al autor…

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