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Fuente de la fotografía.

Conducir reuniones con la finalidad de ayudar a un equipo a orientar futuros y estrategias conlleva lidiar siempre con intensos momentos de incertidumbre de duración variable, quizás una de las situaciones de más sudoración en este polifacético oficio de consultor.
Desde que nos incorporamos y echamos a andar hemos supuesto que lo hacemos bien [lo de andar] simplemente porque conseguimos trasladarnos de un sitio a otro, sin caernos y sin llamar la atención del prójimo por el modo de hacerlo… No obstante, si algún día nos descalzáramos y mirásemos por dónde se desgasta más la suela de nuestros zapatos, much@s de nosotr@s deduciríamos que no andamos tan bien y que, a largo plazo, nos estamos jugando la salud de nuestras rodillas, de la columna o de cualquier otra parte relacionada de nuestra arquitectura. De hacerlo [evaluar cómo andamos] podríamos poner remedio antes de que fuera demasiado tarde.
A parte de ser sencilla, realmente me está siendo muy útil esta forma de hacer. Y es que… [muy] de vez en cuando, conviene mirarse los zapatos y ver como caminamos para poder seguir haciéndolo…
Una previa: De buscar referentes para mi trabajo, personalmente intento huir de esa literatura pesada, de fondo, con la que tanto gusta maquillarse a much@s. Y es que no sólo de Sennett vive el artesano sino de otros materiales quizás menos eruditos, pero no por ello menos instructivos o acertados, que vienen de esta narrativa tan ninguneada en nuestras doctas exposiciones conceptuales. Pongamos por ejemplo, la fabulosa novela de Mary Wollstonecraft Shelley: Frankenstein o el moderno Prometeo.
Este post es una reflexión sencilla, provocada por diversas conversaciones y comentarios a resultas del post anterior. Y es que me ha parecido notar, por parte de algun@s profesionales, colegas y amig@s cierto desasosiego ante el tránsito de modelos aún vigentes al dospuntocerismo. A ver qué os parece…
Cuenta Auster en El retrato de un hombre invisible [uno de los dos cuentos comprendidos en esa magnífica obra que es La invención de la Soledad] que un hombre, por el que se sentía emocionalmente maltratado [léase olvidado], un día, después de haberse trasladado de casa, al salir del trabajo se dirigió a su antiguo hogar, se metió en el dormitorio y se acostó a dormir… Sigue contando Auster que era necesario estar casi inconsciente para no ver que la casa no era la misma. Y concluye que, si la mente no era capaz de responder a la evidencia material, ¿cómo iba a reaccionar ante la evidencia emocional? A partir de este razonamiento, el narrador cambia inmediatamente su percepción y la animadversión respecto a esta persona…
De la cantidad de variables que pueden condicionar el éxito o el fracaso en la introducción y desarrollo de nuevos modelos de gestión (planificación, competencias, etc.) en una organización propongo las siguientes como fundamentales:
1- Voluntad de cambiar: No es ninguna tontería, cuando se pretende introducir o pasar de un modelo de gestión a otro, querer hacerlo de verdad incide directamente y de una forma impresionante en el éxito del proyecto ¡En serio! Pretender que el nuevo modelo disponga de un programa de auto-instalación y convenza por sí mismo de su utilidad es una ilusión todavía algo extendida.
2- Comunicar no es suficiente...: ... hay que vender. Relacionar clara e inequívocamente el producto con las necesidades. Informar de sus especificaciones, de su preparación, puesta en marcha y funcionamiento. ¿Cómo se van si no a vencer las resistencias al cambio? Por desgracia, en nuestro país, la palabra ‘vender’ parece estar archivada en nuestros cerebros en algún sitio muy cercano de ‘timar’. Es una pena que se utilice muchas veces como sinónimo.
3- No buscar modelos acabados: como dice un ex-socio y en cambio amigo: cualquier idea siempre es la penúltima, clara alusión a trabajar siempre en beta, preferiblemente con modelos o herramientas sencillas de aplicar y, sobre todo, útiles.
4- Seducir a la participación: Desarrollar procesos participativos no ha de enfocarse como un regalo o suponerlo un deseo de los equipos. Más aún, hay que reconocer que, muchas veces, las personas no están conformes o tienen recelo en participar. Favorecer la participación supone algo más que crear comisiones o hacer entrevistas… supone un trabajo paralelo de integración del proyecto en los valores y prioridades de la persona [creo que debe estar relacionado con el punto 3].
5- Quien algo quiere...algo le cuesta: Como se decía antes no se pueden pedir duros a cuatro pesetas, y quien esté sólo dispuesto a aportar tan sólo cacahuetes tendrá que conformarse trabajando con monos…
6- Capacitar: Conocemos casos de jefes de equipo transformados de la noche a la mañana en líderes, equipos que en un plis plas han de ser imaginativos. Puestos de trabajo sombríos de los que se requiere, así, como si nada, visión estratégica o iniciativa o ideas de mejora. La capacitación en los nuevos modelos no es tan sólo necesaria, sino mucho más efectiva que la técnica del bibidi babidi bu que buenamente aplica la señora de este video y que algun@s [poc@s] parecen haberse creído…

Hace ya algún tiempo, expuse en otro escenario un listado de posibles aspectos que inciden en el no funcionamiento de las reuniones.
De mi brainstorming particular salieron 16 aspectos, a ver si, con vuestras aportaciones, amplío la colección:
1. Dar por supuesta la comprensión de los objetivos de la reunión: Craso error. Se ha de insistir en dejar claros los objetivos. Leerlos en voz alta, si hace falta. No hacerlo no nos asegura que todos los participantes estén por lo mismo o sepan de qué va la reunión o qué se espera de su presencia.
2. Hablar de todo: En una reunión sobre seguimiento, presupuesto o estrategia no cabe hablar de los turnos para las vacaciones, por ejemplo. Es un error dejar abierto el orden del día. Como en la vida cotidiana, no podemos pasar eficazmente de un tema a otro diametralmente distinto. Reivindiquemos escenarios diferentes para temas diferentes.
3.Falta de orientación a resultados: Muchas reuniones no están orientadas a obtener algo. Hay que procurar extraer y formalizar aunque sean tres conclusiones de cada una de ellas.
4. Falta de información: Abundan las reuniones donde los participantes no disponen de la información necesaria, o donde continuamente alguien se levanta repetidas veces a buscar algún dato que necesita cada vez que lo encuentra en falta. Prepararse la reunión, asegurar la información y hacer fotocopias para todos es un rasgo de seriedad y contribuye a optimizar el tiempo.
5. Falta de una conducción clara: No hay nadie que controle el tiempo, que dé la palabra, que promueva la participación, que prepare los materiales, etc.
6. Falta de habilidades para dinamizar el equipo: En este caso sí que hay alguien que conduce pero no tiene ni idea de cómo fomentar la participación, o desviar una discusión entre dos o, sencillamente, de no aburrir…
7. Abuso en el uso de la palabra: Este aspecto está relacionado con los dos anteriores pero merece un punto a parte. Los monólogos son un exponente claro del poco aprovechamiento de la diversidad.
8. Discusiones entre personas: La reunión transcurre como un partido de tenis entre dos de los asistentes, con el resto expectante o bostezando…
9. No formalizar las conclusiones, compromisos, etc.: Los acuerdos o las responsabilidades adquiridas no se escriben y quedan en el ámbito de la memoria [o del mito…].
10. No respetar la hora de inicio o de final: Un clásico donde los haya que no permite organizar la agenda ni saber del tiempo de que se dispone…
11. Llegar tarde: Otro clásico. Llegar tarde es un indicador de la importancia que el acto tiene para la persona.
12. No aislar la reunión: Llamadas, interrupciones, entradas y salidas, etc. ¿Hace falta comentar más?
13. No blindar el tiempo previsto para la reunión: No se dispone de todo el tiempo previsto, alguien se ha de marchar antes. Hay que controlar las convocatorias o prever posibles desplazamientos antes o después de la reunión.
14. No recoger todas las aportaciones: el conductor/a no recoge todas las aportaciones, la información se pierde o quizás tan sólo la información aportada por alguien…hummm...poco tacto.
15. No prever el lugar de la reunión: Patética la imagen de un grupo buscando un lugar donde reunirse. Este aspecto denota falta de preparación, improvisación, poca importancia de la reunión y desconsideración para con los participantes…vaya, un mal comienzo.
16. Descalificación de las reuniones en la cultura corporativa: En la organización, estar reunido es sinónimo de estar perdiendo el tiempo. O, lo que es lo mismo, estar reunido no es estar trabajando. Las reuniones se realizan cuando no hay nada mejor que hacer. Normalmente esto pasa cuando coinciden los 15 aspectos anteriores.
> Lo más importante es decir continuamente que no tienes tiempo, no importa el tiempo que emplees en decirlo. Lo que realmente se valora no es la organización del tiempo sino no tenerlo…
> Llegar puntual a las reuniones no es conveniente, invéntate algo como una llamada ineludible, tienes tanto trabajo…
> De la misma manera, excúsate y vete un poco antes de la reunión, tienes cosas importantes que hacer…
>Autodenomínate líder. Hoy en día la polémica sobre si el líder se hace o nace no le importa a nadie. El líder se autoproclama como tal y ya está.
> Integrar, desarrollar, coordinar vaya, dirigir al equipo es algo que seguramente llevarías a cabo si tuvieras tiempo para hacerlo.
> Relacionado con el punto anterior, queda la mar de bien disponer de un pouerpoin en el cajón lleno de esquemas y flechitas que demuestran cómo lo harías.
> Aprovecha cualquier oportunidad para lamentarte de que no tienes tiempo para leer [ni tan sólo la prensa] suerte de aquellos que les sobra tiempo para hacerlo.
> Delante de los otros no conviene llevar un paso lento y tranquilo, corre aunque no tengas prisas para nada.
> La metodología, la reflexión, la visión estratégica son muy importantes, quizás algún día dispongas de… para practicarlas.
> Declara abiertamente tu irresponsabilidad afirmando que te has responsabilizado de tantas cosas que es imposible que las puedas llevar a cabo.
> No es importante tener resultados sino parecer que los tienes.
> Incorpora terminología de management y anglicismos a tu vocabulario: He contratado un coaching para mejorar mis competencias en networking, por ejemplo…
> Utiliza expresiones como OK o correcto para decir vale o de acuerdo, da como una impresión de eficacia…
> Evidentemente has de demostrar que estás a la última en actividades para mejorar la calidad de tu vida [¿Quién lo necesitaría más?] así pues estás interesado/a en algún taller de Feng-Shui, yoga o meditación, eso sí, que no lleve mucho tiempo.
> No te extiendas en conversaciones sobre gastronomía, tú sólo haz que escuchas, deja que el otro se hunda.
> Y, muy importante, de bebidas alcohólicas como máximo el gin tonic, ni se te ocurra decir que de vez en cuando disfrutas con un buen Malta de eso sólo entienden los que tienen ocio.