martes, 12 de noviembre de 2013

El mundo de Cristina



Uno no puede evitar una sensación de desasosiego cuando se halla ante esta pintura. La estrecha franja que el autor le ha reservado al cielo y la inmensidad de un prado capturada entre los límites del lienzo obligan a dirigir la mirada hacia el suelo donde yace la figura solitaria de una mujer que se yergue con el torso elevado y la mirada fija en la casa que se eleva imponente en su horizonte.

Un examen más atento de la figura humana revela detalles como la falta de musculación y los huesos marcados del brazo derecho que no hacen más que alimentar aquella inquietud inicial con la sospecha de la enfermedad. La muchacha parece alerta, frágil ante el sordo vacío que la rodea y lejos todavía de la casa a la que parece dirigirse torpemente. La imagen rebosa tensión contenida y no podemos dejar de preguntarnos, en definitiva: de quien se trata y por qué está ahí.

Y como si fuera lo que realmente el autor persiguiera, es la respuesta a estas preguntas la que le da una dimensión extraordinaria a “El mundo de Cristina” [Christina’s world, 1948], título con el que Andrew Wyeth quiso representar a Christina Olson, una vecina del pintor aquejada por una parálisis y con la que el artista se encontraba, según la versión más conmovedora, cuando ella se arrastraba por el prado en busca de flores. Una imagen de lo más turbadora que se adhiere a la pintura y acaba por conferirle todo su contenido.

A pesar de la apariencia juvenil que transmite, en esta época, Christina Olson ya no era una mujer joven, tenía 55 años y no llegó a posar jamás para el artista el cual se sirvió de su esposa Betsy, como modelo.

Junto al afán de superación, la resistencia a la adversidad, la autonomía o cualquiera de las emociones de la gama de sentimientos empáticos que despierta esa pintura, yo la utilizo para sobrevolar un concepto tan complejo como el de resiliencia. De algún modo, la emotiva imagen de Cristina arrastrándose de camino a casa sugiere algo tan importante como la parte de responsabilidad de cada uno en hacer posible el mundo que se quiere habitar.



9 comentarios:

  1. Como Wyeth, así has pintado este post. Una pintura sobre varios cuadros que se van descubriendo al eliminar la capa que cubre cada enlace.
    Como Wyeth está con los objetos, así hay que estar en este post, para empezar a ver lo que no se apreciaba.
    Como Wyeth esconde sus tesoros, así creo que esconde cada persona una parte valiosa de su ser.
    Como tú, soy absolutamente consciente de esa responsabilidad. Y la ejerzo. Es una de las pocas certezas que puedo reconocerme dibujando desde hace tiempo ... incluso con mis trazos más torpes, que son muchos.

    Volveré mañana a mirar. Es hermoso!

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    1. No paro de interrogarme sobre el abanico de emociones que siempre me despierta esta pintura y, entre los resquicios de cada una de ellas, no puedo evitar descubrir grandes carencias en mí de aquello que le supongo y por lo que admiro de Cristina. Por eso creo que esta obra es de aquellas que se proyectan realmente dentro de quien la mira, de ahí su carácter inquietante.

      Me consta que ejerces esa responsabilidad y de sus efectos en “el mundo de Marta” :-)

      Eskerrik asko!

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  2. Maravillosa la secuencia de lectura del cuadro que haces en los dos primeros párrafos y que consigue que la mirada salte de las palabras al cuadro para volver a las palabras y de nuevo al cuadro, y así sucesivamente. Inquietante, ciertamente, tanto que rescato una frase del autor que leí en el artículo que enlazas: "hay cuatro o cinco cuadros debajo de la pintura".

    Sin embargo más inquietante aún (y no para mal sino seguramente lo contrario) me resulta tu frase de cierre: “la parte de responsabilidad de cada uno en hacer posible el mundo que se quiere habitar”. ¿Será esta frase el inicio de un nuevo post? Al leerla, he vuelto al cuadro y estas son algunas sensaciones:

    Bien por la aceptación del esfuerzo que durante décadas ha ido quedando enterrado en la queja abstracta, en ese sentido es como si esa estrecha franja del cielo nos estuviera dirigiendo la atención hacia lo que se puede hacer, aunque la tarea sea dura, en lugar de perdernos en divagaciones que a veces pueden resultar paralizantes.

    Me gusta también la sensación de “yo decido si quiero hacerlo o, al menos intentarlo”. Pero al mismo tiempo es como si esa decisión de decidir el camino propio te dejara en una inmensa soledad. Que también es algo que hay que asumir y que nos ayuda a crecer, pero aquí se me mezclan otras vivencias/apreciaciones respecto a estereotipos y barreras relacionas con la colectivización y cosificación de las personas, y eso me devuelve a la inquietud que tan bien describes al inicio.

    Espero que, además de un comentario largo, no sea también excesivamente difuso. Probablemente el tema ha despertado algunas inquietudes que me rondan últimamente, así que es una conversación que me interesa mucho y que agradezco Manel :-)

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    1. La asunción de la propia soledad es importante para crear compañía. Por ejemplo, si existiera la clara consciencia que es desde la propia soledad y ética personal de cada uno desde donde se ha de responder a aquello que se cree que se ha de realizar, quizás nos encontraríamos más “solitarios” en la calle reclamando “juntos” aquello de lo que, ahora, nos quejamos desde el confort de las respectivas casas. Siempre por esa “falta de quórum” con la que justificamos nuestra inactividad.

      Es como si ante los desequilibrios, injusticias y atentados al buen hacer mirásemos por la ventana antes de salir y protestar, por aquello de ver primero si hay masa crítica suficiente como para salir. De este modo puede haber todo un país mirando por la ventana, decepcionándose y lamentándose de sus conciudadanos por no verlos allí donde “quisieran estar” ellos que “tampoco están”. Perdona por habérmelo llevado a este terreno per es que este comentario ha estimulado algo que vibra en mis tripas hace ya tiempo.

      Estoy contigo, uno ha de responsabilizarse de hacer lo que le toca y recorrer todo su propio camino para maquetarse el mundo en el que quiere vivir. Con eso creo que hay suficiente para una vida.

      Muchísimas gracias por el comentario, para nada difuso ni excesivo, todo lo contrario. Ya ves que despierta tema…

      Un abrazo Isabel.

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    2. "Puede haber todo un país mirando por la ventana..." Subrayado del comentario completo y asteriscos. Una anotación perfecta para esas nuevas realidades que están ahí, esperándonos. Gracias Manel. Un abrazo.

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  3. Hacer posible un mundo en el que podamos vivir todos ... ideemos la mejor tecnología para eso ...

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    1. Juana, te ha salido la vena ingeniera ;)

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    2. Y cultivemos [defendamos, impulsemos, eduquemos en...] unos valores que esten a la altura de esa tecnología...

      Entre ingenieros anda la cosa...:-))

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