lunes, 8 de julio de 2019

Caligrafía



Entre mis propósitos para este año estaba el de recuperar la caligrafía de aquella época en la que se daban, a partes iguales, la importancia por la forma y por la función, es decir, no tan sólo anotaba ideas o tomaba apuntes, sino que, además buscaba hacerlo atento a la estética de una letra bonita, singular, equilibrada, precisa y armónica en su conjunto, un tipo de letra de la que llegué a sentirme orgulloso pero, por lo visto, no tanto como para impedir su lamentable deterioro en los años de la Facultad, donde la necesidad de coger apuntes de manera rápida me llevó a perder la forma primero, transformando mi letra en garabatos hasta, poco a poco, perder incluso la función, ya que estos garabatos han llegado a ser ininteligibles, hasta para mí mismo.

Dicho así, este querer recuperar la caligrafía invita a pensar que se debe al propósito de volver a tener una letra bonita y que, además, se entienda, pero no es así, hace ya tiempo que la tecnología me ha eximido de la necesidad de tener buena letra, de hecho, ahí radica uno de los problemas para conseguir mi propósito: no encontrar oportunidades suficientes para reeducar mi caligrafía.

No, escribir a mano y hacerlo bien, pretende ser el medio para recuperar algo mucho más importante que perdí junto a mi letra y es el tiempo del que disponía para aprehender la realidad, un tiempo en el que la construcción melódica de la grafía hacía la función de dique de contención para la información que me llovía del entorno, evitando que me invadiese y me saturase, un tiempo que era mío y servía a mi propósito de registrar e integrar la realidad quizás de manera más lenta y menos extensa que ahora, pero mucho más intensa y vivenciada.


Un tiempo interior que sigue menguando y amenaza con desintegrarse por completo por las posibilidades que conlleva un progreso tecnológico que invita seductoramente a atender a mucha más información por unidad de tiempo de la que soy capaz de asimilar.

Era necesario tomar cartas en el asunto y el ejercicio de recuperar la caligrafía, puede ser uno de aquellos actos sencillos que me acerque a las manecillas del reloj, poder asirme a ellas y, si no pararlo, lograr que el tiempo transcurra acorde con una respiración más pausada y entera.

Toda luz genera sus propias sombras y, progresar conlleva, más tarde que temprano, conocer y gestionar la dimensión de nuestros nuevos logros para que, los avances permitan plantearse nuevos retos o solventar carencias, pero sin que ello suponga, necesariamente, perder otros aspectos, realmente determinantes para que una Vida lo sea, así, con mayúsculas.

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La primera imagen ilustra el Shodo [textualmente “camino de la escritura] o caligrafía japonesa, un arte que trabaja el detenimiento a lo largo de la secuencia de construcción del grafismo, todo un ejercicio de tiempo interior.

La segunda imagen, es un clásico de los “Cuadernos Rubio” con los que algunos aprendimos caligrafía.


6 comentarios:

  1. Hola,Manel

    Comparto contigo el propósito de querer recuperar, algún día, aquella letra cuidada y legible resultado de entrañables cuadernillos Rubio y de un padre deseoso de que sus cuatro hijos tuviesen una letra hermosa.Pero, me sucedió como a tí; llegó la facultad y aquel mundo sin libros (de texto) y profesores dando clase a la velocidad de quien habla mientras enseña, se encargaron de que mi letra hoy sea ilegible y tenga que recurrir a las mayúsculas para asegurarme su comprensión.
    Que lejos queda aquella sensación de trasladar al papel lo vivido. Hoy, casi siento extraño un bolígrafo en mi mano. Y, tú deseo de recuperar la caligrafía me ha resonado, porque te confieso que también es el mío; algún día, quizás, pueda volver a aquella letra redonda y cuidada, aunque sólo sea para sentir que el tiempo no pasa sin que yo me de cuenta.

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    1. Y la belleza de tu letra será la de poner en relieve un momento tan personal..

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  2. Tiempo, soledad y amor por la belleza de la vida. Comparto el pensamiento. Sabrás que se ha puesto de moda entre los chicos de instituto la caligrafía. Igual hay esperanza 😉

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    1. Lo mismo pensé recientemente oyendo a Greta Thumberg, que hay esperanza, totalmente! :-)

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  3. Me has recordado a lo que me decía hace unos años Santy Gutiérrez, dibujante, cuando grabamos el "Conversando con":

    "Siempre dibuja la mente… ¡Siempre!
    … aunque luego me explicaba como, en el recorrido de la mente al ojo y del ojo al brazo, del brazo al papel y del papel otra vez al ojo, a veces se desvirtúa. Y en eso consiste el trabajo del dibujante, en dominar ese camino"
    .

    Ciertamente, la caligrafía nos ayudaba a dar tiempo a ese recorrido de la información a la reflexión, y de ahí a la opinión. Recuperarla es un buen reto, sin duda. Feliz verano Manel :-)

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    1. Avanzar/madurar,evolucionar tiene esta trayectoria boomerang, viene a ser aquello que si dice tanto: "me gustaria ser más joven pero con la experiencia que tengo ahora" pués eso, a veces se puede volver atrás sabiendo... ;-)

      Descansa Isa!

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