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domingo, 4 de mayo de 2014

Modestia

Siempre me ha parecido que la sencillez va de la mano con la modestia y de que esta última refleja la consciencia y el valor que se otorga a las propias limitaciones, a las carencias. Este autoconocimiento influye inevitablemente en la receptividad que se tiene respecto a aquello que proviene del entorno.

Por decirlo de otra manera, las personas humildes, las que lo son de verdad, suelen ser más propensas a preguntar que a alardear y a escuchar que a hablar. Ya lo decía Miguel de Cervantes que “la humildad es la base y fundamento de todas las virtudes y que sin ella no hay alguna que lo sea”.

Opuesta a la modestia sitúo la pedantería y para este concepto me gusta especialmente la definición que daba Miguel de Unamuno para quien el pedante no era otra cosa que “un estúpido adulterado por el estudio”.

Llama poderosamente la atención en esta definición el término “adulterado” por lo que tiene de manipulación, añadido, excesivo y falso. Y también resuena lo de “estúpido” por lo incómodo, pretencioso, cargante e intratable que suelen resultar aquellos que merecen este calificativo.

Pienso en estos dos conceptos mientras divago sobre la veleidad a la que está sometido el discurso del management en estos últimos años y en que esa volubilidad exige de las personas y de las organizaciones la capacidad suficiente como para reconocer la limitación o la rápida caducidad de algunos enfoques, así como disponer de la autoconsciencia suficiente como para orientarse en el entorno a partir de las propia carencias.

Como en aquellos productos de moda en los que, con los años, se descubren efectos contraproducentes para la salud, de la misma manera, la ingesta continuada de ciertos modelos y enfoques que fueron vanguardistas en su día, hoy son la causa de los efectos perniciosos en la porosidad y en la permeabilidad que necesitan algunas organizaciones para relacionarse con su entorno.

El resultado es que, en algunos casos, aquellas organizaciones aparentemente más avanzadas son las más resistentes al cambio debido quizás a la necesidad de amortizar el esfuerzo y todo lo invertido en el exigente proceso de modernización. Una resistencia que curiosamente se delata mientras corre a camuflarse en esa suficiencia que produce el creer que se dispone de todas las claves y de los recursos necesarios para comprender y hacer frente a cualquier futuro posible.

La modestia es la actitud fundamental desde la que es posible conocer los propios límites y abrirse al aprendizaje. Es la base de la contención, la escucha y del respeto necesario para la salud de las relaciones y, por ende, de la colaboración. Si no fuera por la carga de humildad que conlleva y la mantiene apartada de la primera línea, la modestia estaría de moda, quizás sea este el secreto de que siga siendo el mejor modelo a seguir.


3 comentarios:

  1. Da para un buen debate esa relación entre sencillez y modestia que mencionas en el primer párrafo. Ya supongo que al hablar de autoconocimiento la sencillez se refiere a la persona pero, por rizar el rizo, suele darse una proporción inversa entre el reconocimiento de las propias limitaciones y la inmersión las complejidades de la vida, sean estas profesionales o personales. Tal vez porque quienes se dedican al molesto arte de la pedantería necesitan mucho tiempo para sí mismos así que deciden con facilidad en qué asuntos cortar por lo sano para que no se conviertan en una molestia.

    Interesante esa perspectiva de resistencia al cambio por la necesidad de amortización del esfuerzo y la inversión realizada. Cabría preguntar cuando se dan por amortizados los asuntos que afectan a las personas porque con el equipamiento no ocurre lo mismo, no se discute la necesidad de mantenimiento o de actualización tecnológica. Igual es porque se refleja en el plan contable… Un abrazo Manel.

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  2. No sé si va de la mano de la modestia o se le añade algún matiz: humildad. El discurso oficial persigue la "excelencia" pero a lo mejor sentirnos cómodos con nuestros defectos es un buen arranque. Bonito artículo, Manel.

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  3. "me sirve la modestia
    de tu orgullo posible
    y tu mano segura
    si me sirve.

    me sirve tu sendero
    ..."
    Benedetti. Me sirve no me sirve.

    Me sirve tu mano, Manel. ¿Qué tendrá, cuando escribe, que abre ventanas por las que es casi imposible no colarse en tu casa?
    Y me sirve, como lo ha hecho siempre, la modestia de ese orgullo posible ... aunque no siempre he sido capaz de verlo así, tan claro, como ahora.

    La palabra "humildad" procede del latín "humus" (tierra), de "humilis" (humilde), la persona susceptible de la acción del verbo "humiliare" (postrar a uno por tierra). Implicaba, en origen, un reconocimiento de una superioridad o dominio por parte de otro sobre uno.
    Lo mismo ocurre con la modestia. La definen como la virtud del que no siente ni muestra una elevada opinión de sí mismo. Y no mostrarla es una cosa y no sentirla, siquiera, es otra bien distinta.
    No hace mucho que aprendí a diferenciar ... al menos, de piel para dentro.

    En lo que me he encontrado en el camino, las personas que no se dejan abrazar jamás por la humildad o la modestia se aferran a estas acepciones. Asumen un sometimiento, una sumisión en el otro que alimenta su vanidad y les impide ver otra cosa que su propio reflejo.
    Se puede aprender algo, desde ahí?

    Me quedo con la acepción que se lee en tus líneas. La que invita a la sencillez, al cuidado de las expresiones de uno mismo frente al otro, a ese no hacer gala, no hacer daño, al recogimiento, la llaneza, la suavidad ...

    Al terminar de leer me ha venido esta frase:

    "[...] He ido tan lejos en el lago de la sangre que, si no avanzara más, el retroceder sería tan difícil como el ganar la otra orilla".
    MacBeth

    He visto muchas veces a la soberbia guiar ejércitos de posibilidades de la mano de la arrogancia, la prepotencia y la vanidad. Hacia delante.Al galope. Sin más opción.
    Y ya sé cómo acaba la maldita batalla!
    No mola nada.

    Nire uste apala! [mi modesta opinión ;)]

    Muxu!

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