martes, 5 de mayo de 2009

¿Líderes o liderazgos?


Este post corresponde a una anotación que acabo de dejar en Amb lletra de pal y es que, comenta que comentarás, al final me he quedado pensando en el grado de convicción que realmente tenía sobre lo que estaba opinando…cosas que pasan…
  • Y es que creo que no he conocido nunca a nadie que, en esencia, sea un líder. Vaya, en el sentido en que lo son personajes de ficción como parecen serlo Jean-Luc Picard, Grissom o, incluso, House.

No, no conozco a nadie. Como máximo a algún sujeto que se ha responsabilizado a consciencia de alguna cosa que suponía una movilización importante de recursos y personas y que tuvo el efecto en mí de un espejismo efímero de convicción respecto al camino trazado...eso sí, muy efímero...

De buenos directiv@s tengo algún que otro caso, pero nunca tan perfilados como los descritos en la literatura de gestión al uso. Máximo eran (o son) buenos profesionales, conscientes de su trabajo y que desarrollan su actividad con un grado variable de aciertos y errores. Vaya, como nos puede pasar a ti y a mí.

También es verdad que este incierto liderazgo o supuesta capacidad de dirección nunca ha sido intrínseca al individuo sino que ha dependido del grado de afecto de quien deposita la mirada sobre ell@s.

Así pues, quién para uno era un crack para otro era un ejemplo patético de gestión.En fin, que este tema cada vez me parece más impreciso. Como cuando observas un fabuloso paisaje y, conforme te acercas, discriminas cada vez más claramente la salud de las hojas de los árboles e, incluso, se puede distinguir alguna que otra lombriz viscosa.

Establece Anna una preciosa analogía entre el liderazgo y la función del ánima y de la barra armónica en el violín. Personalmente tengo claro el papel clave de estas piezas pero...en un violín ¿qué no es clave?

¿Somos conscientes que todo el instrumento se aguanta por la presión que ejercen las cuerdas? ¿Que sin ellas el violín se desmonta literalmente? De hecho es el ánima quien evita que la caja se aplaste, tal es la presión...

¿Recae sobre estos elementos la clave del sonido? ¿Y qué pasa si dirigimos nuestra atención sobre la función del arco? De hecho es sobre quien recae la técnica violinística ...

¿Y la cantidad de personajes que conforman la estratificada constelación demiúrgica que hace posible el todo (el violinista, el luthier...)?

En suma ¿existe un líder o liderazgos?

Os dejo con una pieza por

tod@s conocida y expuesta por uno de mis referentes como violinista y, sobre todo, como persona (Itzhak Perlman).

miércoles, 29 de abril de 2009

Equipos


Quisiera poner en consideración de aquell@s que lean este post, algunas anotaciones sobre la utilización o aplicación que se hace del concepto de equipo, aún corriendo el riesgo de que sea considerada una perogrullada.

· Un equipo no se crea con conjuros del tipo: ¡Hágase el equipo! Y el equipo se hizo…

· Un equipo es algo más que un grupo de individuos juntos en un espacio común.

· Por compartir un mismo directivo y organizar el turno de sus vacaciones no debería creerse que se pertenece o que se tiene un equipo.

· Tampoco es un equipo por el hecho de compartir un mismo estrato organizativo y asistir a una determinada reunión (por ejemplo: algunos equipos directivos).

· Un equipo no requiere que sus miembros, además, sean amigos.

· Sólo por tener una misma meta (objetivo o como quiera que se le llame) no se supone que somos “equipo”.

· Las actividades informaleslúdicoaparentementedivertidas no necesariamente crean o mejoran el trabajo del equipo.

· Un equipo no supone la uniformidad de sus componentes, más bien lo contrario, potencia la diversidad y la singularidad de las personas que lo componen.

· El café para tod@s puede ser nocivo para el equipo. Es decir, un equipo asume como propios todos sus resultados pero también reconoce el valor añadido aportado por sus diferentes miembros.

· El equipo no es bueno o mejor que nada porque sí; tan sólo cuando para alcanzar una meta común se requiere de las capacidades interrelacionadas de sus miembros; es decir, a veces, lo mejor es no hacer equipo.

¿Creéis que se debería matizar algo o añadir más puntos?

jueves, 23 de abril de 2009

Sant Jordi


Me sugiere Dampyr que tenga un detalle por el día que es: Sant Jordi. Yo creo que lo que a él le motiva de la leyenda no es tanto el caballero como el dragón, íntimamente vinculado al apodo de Vlad III que era Draculea, también llamado El Empalador; famoso en su tierra por su particular forma de controlar el flujo migratorio y que ha llegado a nosotros como supuesta inspiración de Bram Stocker en su más famosa novela: Drácula.

Así pues, os ofrezco un libro de la medida justa para un día como este, corto y exquisito: La Muerta Enamorada de Theophile Gautier. Un clásico donde los haya, imprescindible y bello.

Es ésta una novela corta (o un cuento largo según se prefiera) que ilustra a la perfección la importancia en la toma de ciertas decisiones y cómo, a veces, es conveniente no seguir ciertos consejos alineados con los valores del momento.

En resumen, un@ ha de hacer aquello que quiere hacer y no aquello que se cree conveniente que haga, el precio pagado puede no compensar lo suficiente…

Para vosotr@s, La Muerta Enamorada (os la podeis bajar aquí).

sábado, 18 de abril de 2009

De la vanidad como herramienta para [dis]capacitar


Un comentario de Mònica Pagès en el Facebook se ha añadido a una serie de observaciones y experiencias acumuladas en estos años de rodar por el mundillo de las organizaciones y de su desarrollo.
Con el título: De cómo alguien puede explicar batallitas laborales y decir que transmite “buenas prácticas” Mònica comenta una experiencia harto conocida por tod@s aquell@s participantes en cursos de capacitación o de actualización profesional:

Hoy por la mañana, una desagradable experiencia presuntamente formativa que ha acabado con mi paciencia… …casi hora y media para presentarnos y presentarse él mismo –el sr. docente- incorporando historias personales que no venían al caso y tres horas más de repaso por su vida laboral…

Hace nada me he enterado de que un profesor (un académico) en un máster, ni corto ni perezoso descalificó a otro de los profesores ante los alumnos por no coincidir en un concepto, sembrando la confusión en el alumnado. Ante la lógica irritación por parte de los participantes sobre a quién habían de hacer caso en el trabajo de final de curso, el supuesto profesional lanzó muy graciosamente la amenaza de que escogieran ellos mismos, ya que él estaría en el tribunal de evaluación.

En mis inicios profesionales aprendí aquello tan básico de que, en la formación, hay que formularse como objetivo el que los participantes aprendan. Claro, este aspecto supone un esfuerzo, cierto grado de sensibilidad y conciencia del otro, aspectos que brillan por su ausencia en los casos anteriormente mencionados...

Pero, para muchos [pseudo]profesionales de la formación no es tan importante resolver dudas, mostrar lo difícil fácil o favorecer el aprendizaje, como enseñar la insalvable distancia que existe entre cualquiera y ellos mismos. Pasándose por el forro el tiempo de los profesionales, la credibilidad de las organizaciones que los contratan y anteponiendo sus pobres intereses a evitar la confusión entre sus usuarios.

Y es que, lamentablemente, entre tanta vaca sagrada también existe otro tanto de burros sacralizados que parecen utilizar los escenarios formativos como espejos ante los cuales lanzar el vaho de su ego.

lunes, 13 de abril de 2009

Un poco más de lo mismo


Hace poco, en una revista de historia leía: “los celtas despreciaban la escritura por considerar que era rígida y carecía de alma; para ellos, las ideas fijadas por escrito estaban destinadas a morir, pues no podían adaptarse a los imprevistos de la vida. En cambio, la palabra estaba viva y respondía mejor a los cambios.”

Este fragmento me recordó las reticencias que normalmente se esgrimen contra la planificación por parte de aquell@s que la ven como un decálogo de leyes mosaicas que se han de respetar in aeternum y pase lo que pase…

Traigo esto a colación de la lectura de un magnífico post, en lletra de pal, donde se exponen delicadamente diferentes sensaciones y percepciones en torno al fenómeno de la planificación y que me ha despertado reflexiones paralelas sobre el tema.

No quiero entrar en el manido discurso de que la dificultad de un plan de objetivos no estriba tanto en elaborarlo como en desarrollarlo y que esto supone, lógicamente, dotarlo de la solidez necesaria para dirigir y de la flexibilidad suficiente como para que se adapte a los cambios imprevistos que, de seguro, surgirán. Pero, no nos engañemos, si un plan -estratégico o no- no sigue estas características es que obedece a otras finalidades por parte de la organización que lo ha elaborado (obligación, moda, maquillaje, hacer por hacer etc.)

Parto de la base de que aquello que se cuece en torno a la planificación es complejo y que, en caso que interese, vale la pena analizarlo; en vez de solucionarlo lanzando al aire un “la planificación ha muerto, viva el no sé qué, o viva nada más”, claro repito, en caso de que interese…

Personalmente opino que:

> La planificación es una herramienta al servicio de la organización, no al revés.

> Seguir y controlar lo que se ha planificado, en la práctica, “va junto”. No es una opción. El hecho de hacerlo o no, distingue claramente a aquellas organizaciones que persiguen realmente unas metas de aquellas que se formulan ideales o de aquellas que hacen como que tienen un plan de objetivos.

> De las últimas, ignoro si son las más o las menos, pero, como en muchas otras cosas, sí que sé que son las que más ruido hacen y colaboran en la percepción que existe respecto al formularse objetivos como algo inútil. Insisto, la planificación es una herramienta tan útil como las demás en el caso, claro, de ser bien utilizada.

> La planificación estratégica no es una asignatura obligatoria. Como casi todo, en el mundo, es una opción a seguir, hay otras igualmente válidas que dependen del momento, tipo, valores, madurez y ritmo de la organización, entre otras cosas… Lo que importa realmente es conocer estas opciones y poder elegir con fundamento.

> Hay quien se esfuerza en querer ver y propagar el método como si de una religión se tratase y se erige como sacerdote o como hereje; sea como fuere, el método simplemente es eso: método. Y si, por una de aquellas cosas, fuera algo más no encontrará en mí a uno de sus apóstoles.
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En el dibujo (Gulliver's travels de Mas y David Fleischer) Gulliver es prisionero de los liliputienses...