
Desde hace muchos años, en aquella
formación que imparto relacionada con el liderazgo y la dirección de equipos y
personas, suelo utilizar un caso que tuve oportunidad de conocer y con el que
suelo orientar ciertas consultas muy concretas relacionadas con alinear las expectativas
con alguien del equipo.
Como ya he dicho, este caso no es
reciente y se remonta al año 2000, cuando una organización con la que estuve
colaborando a lo largo de diez años, tuvo un cambio de dirección general con
los consecuentes cambios estructurales y directivos que suelen conllevar estos
asuntos.
La nueva directora tuvo el apoyo
atento e incondicional del que, en aquel momento, llevaba el departamento
financiero. Esta persona se puso del lado de la recién llegada, le ayudó a
hacerse con su puesto de trabajo y a articular los cambios que ello suponía, un
soporte que no sólo se limitaba a aspectos puramente técnicos sino al que se añadía
el esfuerzo por alinear a la organización con la nueva dirección, transmitiendo
energía y positivismo ante el cambio.
Quizás fue por esto por lo que,
pasados unos cinco años, G [denominaremos así a la directora general], se
propuso hablar con F [el director financiero] para reconducir un cambio de
conducta que se había dado en este último desde hacía unos meses y que se
traducía en un distanciamiento de sus obligaciones, ciertas negligencias, un
comportamiento displicente y una
disminución progresiva de la calidad de la información que aportaba a la toma
de decisiones, lo cual, como es de imaginar, tenía un impacto en la
organización suficiente como para que G se decidiera, en serio, a tomar cartas
en el asunto.
Para ello se trazaron una serie
de pasos para una reunión en la que tratar el problema, y que constituyen la metodología que voy a compartir en este artículo.
1.- TENER CLARO EL PROPÓSITO
Multitud de veces creemos hacer
las cosas por un motivo cuando realmente deseamos algo muy distinto, esto
sucede, sobre todo en aquellos aspectos en los cuales no nos gusta la imagen
que nos damos de nosotros mismos con respecto a nuestro deseo real. De este
modo, no siempre que se dice querer hacer las paces o arreglar una relación se
busca realmente hacer las paces o arreglar la relación, a veces, lo que realmente
se pretende es crearse la imagen y creerse alguien que agota todas las
posibilidades antes de decidirse por lo más drástico, aunque realmente sea esto
último lo que se desea, de ahí que los recursos y la entrega personal a
solucionar las diferencias, no llegue a ser suficiente.
Así pues, el primer paso consiste
en esto, en revisar el propósito real, algo que mejor realizar en silenciosa
introspección, hablando uno tan sólo consigo mismo, íntimamente, para poder
decirse la verdad sin necesidad de maquillarse para nadie: ¿Busco realmente una
solución, beneficiosa para ambos, que contemple a esta persona en mi equipo?
¿Es mi deseo reconstruir la relación o, realmente, lo que me apetece es hacer
evidente mi decepción y/o enfado? ¿Estoy dispuesta o dispuesto a asumir una
salida a la situación construida de manera conjunta?
Si la respuesta es “sí”, entonces
ya merece la pena pasar al paso siguiente con la convicción de no estar mareando
la perdiz ni perder el tiempo.
2.- DISEÑAR LA REUNIÓN
Existe una costumbre muy
extendida a improvisar la comunicación interpersonal aduciendo, normalmente, la
socorrida falta de tiempo. Este tipo de reuniones no son una excepción alegando
además que la sencillez del mensaje no requiere de mucha preparación o que se
trata de un ejercicio de liderazgo y, por lo tanto, emana de forma espontánea y
natural del relato mental del líder.
Pero el motivo suele ser otro
mucho más sencillo ya que, por lo general, la falta de dedicación de tiempo a
alguien o a algo, denota el lugar que este alguien o algo ocupa en el orden de
prioridades de la persona.
Aunque resulte obvio, es
necesario subrayar que cuando una reunión se lleva preparada, es decir, cuando
hay un diseño previo que contempla y prevé el máximo de variables posibles, no
sólo sale mejor sino que, cuando las cosas no van como estaban planeadas,
incluso se improvisa mucho más fácilmente.
Y lo que es todavía más
importante, cuando las cosas se llevan preparadas, se nota, aumentando el valor
de aquel momento con las implicaciones que ello supone en la actitud,
predisposición y compromiso de todas y todos los asistentes.
En esta fase de diseño de la
reunión que estoy describiendo es donde G
estableció los puntos que siguen a continuación.
3.- CONVOCAR PERSONALMENTE
Convoca personalmente a la
persona a la reunión, propónselo cuando esté sola y explica de qué tratará pidiéndole
que se la prepare.
En este diseño es muy importante que
haya tiempo entre la convocatoria y la reunión ya que facilita que la persona
drene fuera de la relación su ansiedad y, consecuentemente, depure y repose su
discurso. Así que, aunque la persona incitada por la curiosidad insista en
ello, procura que la reunión no sea el mismo día, sino que medie unos días.
4.- PREPARAR RAZONES Y
PROPUESTAS
Antes de reunirse es necesario
revisar las razones que llevan a esta reunión. Para ello es útil anotar una
relación de aquellos aspectos de la manera de hacer de la persona que deben
cambiar, pero también es necesario objetivar la mirada anotando aquellos
aspectos que se valoran de la persona, su aportación diferencial, las
cualidades positivas y el impacto que tienen en la organización. De esta manera
contrarrestaremos el sesgo perceptivo y las decisiones que se desprenden de
considerar, tan sólo, el lado negativo.
5.- BUSCAR EL LUGAR Y LA HORA
APROPIADOS
Existe una práctica generalizada
en llevar a cabo este tipo de reuniones en escenarios informales y en tiempo no
laboral. Es muy importante dotar a la reunión de la importancia que tiene y una
de las formas de hacerlo es dedicándole tiempo importante y un escenario
formal. Nada de utilizar tiempo muerto y aprovechar el desayuno o el
almuerzo con el argumento de una distensión comunicativa que lo más probable es
que no se dé ni sea lógica en este tipo de reunión. Es determinante que la
persona perciba que se le dedica tiempo “productivo”, tiempo de valor, no
tiempo discrecional aprovechando que se hace otra cosa.
También es interesante encontrar
un lugar cómodo y discreto en la organización, fuera de las miradas curiosas de
compañeras o compañeros.
6.- RECORDAR EL OBJETIVO
Inaugura el encuentro resumiendo
el motivo de la reunión y planteándole el propósito que persigues. Algo así
como “tenemos que encontrar una salida razonable y solida a la situación
actual”, de este modo se sitúa la reunión en el plano del diálogo y la
colaboración, alejada del acostumbrado monólogo unidireccional, lleno de
juicios de valor al que nos tienen acostumbradas las relaciones de subordinación.
7.- ¿CÓMO TE VES?
Para facilitar este diálogo es
conveniente darle la palabra a la persona, preguntarle cómo se ve en relación
al ejercicio de sus responsabilidades o a su aporte de valor al equipo o a la
organización. Pregúntale qué áreas de su trabajo son las que mejor funcionan, qué
aspectos hay que mejorar y los pasos para hacerlo.
Aquí, lo más importante es callar,
callar para escuchar. Este suele ser el momento más difícil ya que se requiere de
la capacidad de contención necesaria para guardar silencio y escuchar
atentamente todo aquello que la persona tiene que decir, al margen de que
estemos o no de acuerdo en lo que esté refiriendo. En este tipo de entrevista,
normalmente este suele ser el eslabón más débil ya que el ego de cada cual
pugna por imponer su propia manera de ver las cosas y reafirmarse ante
discursos contrarios a lo que desea oír.
Sólo si la persona divaga o se va
por las ramas, es conveniente interrumpir y repetir la pregunta, pero ante todo
es sumamente importante contenerse y recordar que si se hace una pregunta es
porque interesa la respuesta, a la vez que es imprescindible que la persona se sienta
respetada en la escucha.
Callar y escuchar incluye no impacientarse, no
gesticular ni realizar gestos de desaprobación con la cara.
8.- ¿QUÉ PUEDO HACER YO?
Una vez la persona ha descrito su
situación pregúntale: “¿Qué podría hacer yo para que tu trabajo sea más
productivo y menos frustrante?” Así sabrás cómo te ve y podrás asumir tu parte
de responsabilidad a la vez que también estas señalando que hay una parte del
camino que ha de recorrerlo ella.
Además de ser imprescindible para
poder sentar las bases de un acuerdo, esta pregunta es clave en este modelo de
reunión que busca, alinear, unificar expectativas y, en definitiva, reconstruir
una relación con un miembro del equipo, ya que, de manera indirecta, supone una
autocrítica, un asumir parte del problema y de su solución.
De nuevo es muy importante,
callar y escuchar aquello que se nos tenga que decir, evitando saltar y responder
inmediatamente a lo que la persona sugiera o exija de nuestra parte. Tan sólo
hemos de anotar de manera evidente la relación de acciones que nos platee.
Escuchar no es admitir, simplemente se trata de escuchar hasta el final, a
partir de aquí la reunión sigue.
9.- TU ANÁLISIS Y PROPUESTA
Ahora te toca a ti, una vez la
persona ha explicado cómo se ve y ha propuesto lo que necesita, ha llegado el
momento de exponer tu punto de vista. En este momento, te serán de ayuda las
razones y propuestas que tomaste en el paso 4, cuida de que estas
anotaciones estén a la vista, para que la persona se percate de que te has
preparado la reunión, que le has dedicado tiempo personal y, por lo tanto, de
la importancia que le das a la situación.
Una vez le hayas dicho lo que
piensas de su trabajo, debes invitarla a que coja papel y lápiz, tal y como has
hecho tu antes, para que anote las propuestas de cambio que tienes que hacerle.
10.- COMPROMISOS Y SEGUIMIENTO
Llegados a este punto ya tenemos
sobre la mesa dos propuestas de actuaciones sobre las que edificar el acuerdo,
las que te ha hecho la persona a la pregunta del paso 8 y las que le has hecho tu en el paso 9. Ahora se trata de que cada uno exponga las posibilidades que tiene de comprometerse y dar respuesta a cada una
de estas necesidades.
Sabemos que en situaciones de
este tipo no debemos esperar una aceptación total de las demandas y que, siendo
sinceros, siempre hay temas a los que puede costar más comprometerse. Teniendo en cuenta esto, conviene tomar como referencia el Principio de Pareto
y poder acordar aquel 20% de las actuaciones que determinan el 80% de la
situación que se quiere resolver.
Lo que sí es necesario antes de
dar por finalizada la reunión es acordar una fecha para realizar un seguimiento
de los compromisos adoptados y tomar las decisiones que se crean convenientes según
vaya la situación.
Hasta aquí el diseño metodológico
que se utilizó en este caso que fue aplicado en una reunión que duró dos horas
aproximadamente. Pero no quiero finalizar esta aportación sin recordar que este
diseño corresponde a un caso determinado, el de G con F, y que cada caso
requiere de su propio diseño que puede diferir más o menos de este, pero que siempre
ha de estar pensado desde el contexto relacional, los valores y las capacidades
que posean las personas en cada situación concreta.
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La imagen es de Norman Rockwell
[1943]