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sábado, 12 de abril de 2014

El testamento de María

Mi relación con la religión es compleja dado el espacio que ocupó en mi infancia y en el de muchas personas de mi generación. Ahora, con unos cuantos años de más, me doy cuenta y no me importa admitir que mi distanciamiento de ella se debió fundamentalmente a las mismas razones de todas aquellas cosas de las que me he alejado, es decir, a los muros y fronteras que separan el modelo de vida que vivo del que me apetece y quiero vivir. Pero esto me ha pasado en todo, en mi religiosidad, en algunos trabajos, en todo. Ahora ya tengo claro que no quepo en ningún molde que pretenda contenerme y no estoy muy seguro de que esto no sea un defecto.

Pero sea debido a lo que sea, alejarse aporta, nos guste o no, perspectiva y en mi caso me permitió distinguir la corteza del núcleo e identificar aquellos aspectos artefactuales, políticos y sociales, con los que continuo sin congeniar, de aquellos otros en los que resuenan los valores en los que me crie y que siguen evocándome los vapores dulces de una espiritualidad que buscó desarrollarse por otros derroteros indagando en las curvas de la filosofía, de religiones antiguas y de diosas triples, el contorno de esta vida que tanto me gusta vivir.

De ahí que ciertos títulos capten poderosamente mi atención y me haga con ellos, algo que me ha sucedido con El testamento de María de Colm Tóibín, una pequeña novela que nos expone una perspectiva de Jesucristo y sus seguidores desde el punto de vista de María su madre.

En esta obra se nos muestra a una María estupefacta y consternada por la insólita transformación de su hijo, alejada de lo que hace o predica y desconfiada de aquellos que le siguen o le persiguen.

Ante las reacciones y recelos que suscita Jesús en el sistema, María se debate entre el deber y el miedo, dejándose llevar por el temor que le suscita el entorno del momento y huyendo de aquellos escenarios donde lo evangelios insisten en situarla. Es ésta una obra polémica en la que María -y todos aquellos que la acompañan- cede al pánico que le ocasiona el ser reconocida y huye del pie de la cruz sin llegar a ver el final ni a dar sepultura a su hijo. Una escena maravillosamente escrita que logra sembrar en el ánimo del lector el mismo horror y la duda sobre la racionalidad de las descripciones alternativas que se han ofrecido y estamos acostumbrados a escuchar.

Colm Tóibín consigue abrir con esta obra un espacio interior, vacío y frío, mientras revela a un Jesús ciego de poder, indiferente a la presencia de su madre y poco sensible a las consecuencias y trastornos que pueden desencadenar en los vivos actos como los de resucitar a un muerto [Lázaro]. Esta novela es controvertida por cimentar los pilares en los que se sustenta la Iglesia actual en la ambición de aquellos evangelistas que secuestran el testimonio de María para evitar que ésta pueda decir algo que ponga en cuestión el mito que se esfuerzan en construir. María, una mujer que en el final de sus días busca su más íntimo consuelo en una imagen de la griega Artemisa.

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Datos del libro:

  • Título: El testamento de María. 
  • Autor: Colm Tóibín.
  • Editorial: Lumen.
  • PVP: 14,90 Euros.
  • ISBN: 9788426400208.
  • Número de páginas: 128.

sábado, 25 de mayo de 2013

Porqué están de moda los zombies

Sobre la Humanidad se cierne la tópica amenaza de ser exterminada por una potencia extraterrestre que, para variar, desea ocupar la Tierra. Casi no hay esperanzas de rechazar el ataque ya que los alienígenas conocen perfectamente las estrategias utilizadas en el pasado por los humanos y, a partir de ello, inferir posibles combinaciones o variaciones y, de ese modo, avanzarse a cualquier maniobra que se pueda pensar.

La Humanidad necesita formar a un líder capaz de urdir una estrategia totalmente distinta a los cánones y a la lógica que ha imperado hasta el momento actual para, de este modo, poder hacer frente, con alguna probabilidad de éxito, a esta insólita amenaza.

Cómo formar a este líder manteniéndolo al margen de cualquier aprendizaje anterior es el fabuloso reto sobre el que se desarrolla el argumento de El Juego de Ender [1985], una deliciosa obra de la ciencia ficción que, con algunos pocos retoques en el maquillaje, bien pudiera describir el momento actual con alguna de sus principales necesidades.

Nassim Nicholas Taleb, profesor de Ciencias de la Incertidumbre y autor de Antifrágil, un reciente y provocador ensayo que va a dar que hablar y que no debiera pasar desapercibido a nadie de los que pasáis por aquí, advierte de que hay cosas que no sólo no perecen sino que mejoran cuando se ven sometidas a choques y agresiones externas. A esta capacidad de mejorar y desarrollarse ante la adversidad la denomina antifragilidad y sería la base en la que se apoya la evolución de cualquier organismo vivo [léase cualquier cosa “viva”: orga-nismo, orga-nización]. Defiende que la antifragilidad es absolutamente necesaria para hacer frente a lo que llama Cisnes Negros, es decir, acontecimientos o factores externos muy estresantes y que, invariablemente, aparecen de tanto en tanto como para poner a prueba la capacidad de reacción que tenemos ante aquello imprevisto. Taleb plantea que nuestro esfuerzo por protegernos de todo aquello que hemos aprendido a preveer, paradójicamente, nos hace frágiles, es decir, vulnerables a lo que se manifiesta y arremete de forma nueva e imprevisible. Lejos de generar robustez, un excesivo control, al igual que la sobreprotección en un niño, genera a medio-largo plazo, fragilidad, inadaptación y enfermedad.

Han estrenado hace poco Los Croods, una película de animación cuyo argumento gira en torno a las confrontaciones generacionales en el seno de una familia cavernícola. Crug Crood, el padre, se esfuerza en hacer entender a todo su clan y, en especial, a la curiosa Eep Crood, su hija mayor, cómo la cueva es sinónimo de seguridad y protección ante cualquiera de los peligros que suelen acechar en lo más profundo de la oscuridad cuando llega la noche. No poner jamás en duda la infalible seguridad que ofrece la cueva es la causa principal de que generaciones de Croods hayan sobrevivido a las continuas amenazas de los depredadores y a las duras noches de invierno. No obstante, la intrepidez y temeridad de Eep Crood es la auténtica responsable de que la familia no perezca sepultada por no llegar a tiempo a la caverna para refugiarse de algo tan natural y, sin embargo, tan imprevisible como un terremoto. Una vez más, recurrir a lo anterior no siempre es lo más acertado cuando las variables a las que nos enfrentamos son, como en el caso de Ender o de los Cisnes Negros, atípicas y arrolladoras.

Pero aun así todavía hay personas que, ante la situación actual, creen que, como Los Croods, lo mejor es aguardar en la caverna, esperar a que el tiempo amaine y todo vuelva a ser como antes. Como también hay organizaciones que se plantean afrontar el cambio organizativo y dotar de recursos a las personas y a los equipos partiendo de concepciones del management, diccionarios de competencias o programas formativos pensados para afrontar el futuro desconocido desde una óptica que ya era de dudosa validez en el pasado conocido. O directivos que se aferran supersticiosamente a la cuadratura y linealidad ingenua de sus rígidas teorías o sistemas para hacer frente a la imprevisibilidad azarosamente natural de las variables que determinan el cambio.

Con sólo fijarse un poco, es fácil ver a quien con paso rígido se mueve a destiempo, desdibujandose tercamente junto a una forma de vivir que ya se ha apagado, habitando inconscientemente un mundo que ya no existe, deambulando obstinadamente bajo paradigmas obsoletos y es que no es para nada casual que, de un tiempo a esta parte, se hayan puesto de moda los zombies.

Aquí dejo un clásico para seguir profundizando en el tema:



miércoles, 17 de abril de 2013

Jekyll vs Hyde


Hace ya siglo y medio, Robert Louis Stevenson anticipó ingeniosamente a través de su famosa novela “El misterioso caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” la idea de que bajo el manto de nuestra racionalidad se oculta la bestia egocéntrica, agresiva y concupiscente de la que provenimos, presta a aprovechar cualquier descuido para asumir el control de nuestra voluntad y hacerse ama de un mísero destino.

Casi un siglo después y como buscando un correlato científico a la fabulosa narración de Stevenson, Paul MacLean enunció su teoría del cerebro triple en la que distinguía tres estratos evolutivos superpuestos y diferenciados en el desarrollo del cerebro humano.

Así pues, en primer lugar diferenciaba un estrato inferior al que denominó “cerebro reptil” que estaría formado por un conjunto de fibras nerviosas absolutamente autistas, ciegas y mudas que regulan los reflejos y aquellos instintos relacionados con la supervivencia más básica.

Recubriendo este primer estrato describió otro manto de conexiones nerviosas dedicadas a interactuar con el entorno para satisfacer las necesidades más primitivas de supervivencia, aquellas a las que comúnmente se denomina como las cuatro efes [feeding, fighting, fleeing and fucking] y que persiguen de manera codiciosa la promoción, proyección, protección y proliferación de uno mismo, sin atender a nadie más y a costa de quien sea, a la menor oportunidad. A este segundo estrato le llamó “cerebro paleomamífero”.

En el estrato más evolucionado y exterior del cerebro definió, por último, el "neomamífero" formado por la corteza cerebral y, en general, por todas aquellas estructuras que median entre el entorno y los otros cerebros descritos para obtener -y esto es lo importante- el mejor rendimiento de las decisiones que se toman en aquellas esferas por las que puede sentir interés un ser humano.

La duda sobreviene al plantearse cuál es ese mejor rendimiento, si en pararle los pies a los impulsos primitivos y reutilizar su energía para generar aquellas condiciones en el entorno que perduren y permitan una calidad de vida en las que podernos incluir todas y todos o si, por el contrario, se orienta a amplificar esos ecos primarios dotándolos de las herramientas y capacidad estratégica suficiente hasta convertirlos en un monstruoso Hyde guiado por el ansia ciega de imponer sus cuatro eFes, pero esta vez “con mayúsculas”.

Recientemente Marjorie Kelly ha advertido sobre los efectos para nuestro mundo de lo que denomina “mentalidad extractiva”, esto es, aquella que invade y extrae sin medida y para beneficio propio lo máximo del entorno con el que se relaciona. Un tipo de proceder que bien puede ser interpretado como la subordinación de nuestra inteligencia a aquel cerebro primitivo para el cual no existe más mañana que el capaz de resistir a su avaricia y a la capacidad de agresión necesaria para proveerla continuamente.

Pero a diferencia de Stevenson, Kelly apunta una esperanza en el antídoto lento pero poderoso de la “mentalidad generativa” que está emergiendo actualmente en nuestra sociedad. Un planteamiento social y económico que todavía no tiene entidad pero que asoma aquí y allá a través de enfoques profesionales e iniciativas empresariales orientadas a crear beneficios en lugar de resultados dañinos, que son responsables con el entorno, que enarbolan la justicia social como valor principal y que, en suma, persiguen crear condiciones duraderas y pensadas en aquellas generaciones que quedan por venir.

Stevenson planteó de manera fantástica el dilema al que nos enfrentamos continuamente respecto a reprimir o potenciar hasta transformar en un monstruo la parte animal que anida en cada uno de nosotros desde los albores de la humanidad. De manera visionaria anticipó que, como en la novela, el progreso sería puesto, de manera figurada, al servicio de la elaboración de un brebaje que desataría a Hyde e imposibilitaría cualquier manera de dominarlo hasta el punto de usurpar totalmente la naturaleza que hasta ahora lo contenía. Este brebaje no es otro que el dudoso pragmatismo que avala la locura avariciosa y destructiva que nos ha llevado hasta el momento actual y sigue amenazando peligrosamente los recursos, la dignidad y el futuro del ser humano y del planeta.

La buena noticia es que Hyde sigue siendo lo que el Dr. Jekyll le permite ser y que el tema no está sólo en manos de líderes, dirigentes, políticos o empresarios ya que, en último término, cada cual está dotado de la capacidad suficiente como para poder hacer su propia elección, de analizar su trayectoria, de valorar el impacto que ésta tiene en su entorno y decidir si caminar en sentido contrario al de la rotación de la Tierra o simplemente agacharse para darle con la mano un pequeño empujoncito y, de este modo, contribuir a que siga rotando serena sobre su eje.

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La ilustración corresponde al cartel de la obra de teatro estrenada en Boston en 1887. Un año después de la publicación de la novela.

En la foto el actor Richard Manfield en una doble exposición que simboliza su interpretación del Dr. Jekyll y Mr. Hyde a finales del s. XIX.


miércoles, 2 de enero de 2013

La historia interminable

El argumento de esta novela gira en torno a Bastián Baltasar Bux, el cual se hace con un libro muy particular en el que se relata la historia de cómo el reino de Fantasía se está disolviendo en la Nada y sólo puede ser salvado por un niño que, curiosamente, no puede ser otro que el mismo Bastián Baltasar Bux, que queda pasmado al verse invitado a implicarse desde los renglones de la propia historia que está leyendo.

Así pues, Bastián se une a la aventura de salvar a Fantasía de su terrible destino, pero lo que tan sólo parece y se ha intentado vender como una sucesión de fantásticas e infantiles aventuras precursoras de "Harry Potter”, es en verdad el relato de un brote de locura del que el protagonista logra salir debido a la pericia del autor por conducirlo a través de un trabajo personal de claro corte psicoanalítico.

Porque no es casual que se describa a Bastián Baltasar Bux como un niño de tendencias autistas, con una autoestima por los suelos adobada por el maltrato que sufre por sus compañeros de escuela; que además es huérfano de madre y vive sólo con su padre con el que, por si fuera poco, mantiene una relación distante. No, no es casual, como tampoco lo es que las letras de la novela estén a dos colores, en rojo cuando el autor se refiere a lo que hace Bastián y en verde cuando se relata lo que sucede en la historia que está leyendo, para de este modo representar el episodio psicótico en toda su magnitud, confundiendo el color de los renglones al mismo tiempo que el niño confunde su propia realidad con la fantasía que se describe en el libro que tiene entre sus manos.

Si alguien duda de esta visión de la novela sólo tiene que recordar a Bastián aparecer en Fantasía, no como el ser poco agraciado y maldestro que es en realidad, sino en la forma del héroe que siempre ha soñado ser: esperado, querido, y respetado por todos aquellos con quien se relaciona. Y de cómo, transformado en “emperador” de este país, va de aventura en aventura internándose cada vez más en esa ya “su” fantasía y olvidando progresivamente quien fue, hasta llegar en su viaje a “La ciudad de los Antiguos Emperadores”, un lugar en la que se encuentra con otros seres humanos, ocupados en tareas sin ningún tipo de fundamento y donde se da cuenta del verdadero peligro que corre:

“Observó a toda esta gente y se dio cuenta de que no se hablaban entre sí. No se preocupaban en absoluto unos de otros; en realidad, ni siquiera parecían darse cuenta de su mutua presencia. Bastián miró a un anciano que había cavado una fosa. Metió en ella una vela encendida y tapó otra vez el agujero.
-¿Quiénes son? - Preguntó Bastián al mono que le mostraba la ciudad.
- Todos fueron “emperadores” de Fantasía…o, por lo menos, quisieron serlo.
-¿Qué les pasa? – volvió a preguntar- ¿Por qué se comportan de forma tan rara?
- No tiene nada de rara –se rió ahogadamente el mono en su oído- Se podría decir que son tus iguales o, mejor, que lo fueron en su tiempo.
- ¿Cómo han llegado hasta aquí? –preguntó Bastián.
- Bueno, en todos los tiempos ha habido humanos que no han vuelto a su mundo –explicó el mono- Al principio no querían y ahora…digamos…no pueden ya.”

Es entonces cuando el relato cambia totalmente de sentido y, asustado, Bastián decide emprender el viaje de retorno a la realidad abandonándose primero a los cuidados de “Doña Aiuola”, una figura maternal que alimentándolo con frutos que crecen directamente de su cuerpo le indica la manera de encontrar la puerta a través de la cual volver al mundo real. Una referencia clara a la importáncia que tiene la ausencia de la madre en el desequilibrio del niño y una utilización más del arquetipo de la #madrequealimenta para representar a aquella figura cálida que orienta y guía sobre los pasos a seguir, tal y como sucede también en Mátrix, con el Oráculo recibiendo a Neo en la cocina e invitándolo a comer una de sus galletas mientras le desvela el enigma de su destino.

Al final, se condiciona toda posibilidad de recobrar la razón a la capacidad de Bastián para extraer de una mina llena de imágenes, aquella que recuerde e identifique nítidamente como suya; una clara alusión al proceso psicoanalítico de hurgar en el subconsciente y hacer emerger a la consciencia aquellas figuras determinantes en el desarrollo junto a las emociones a las que van ligadas. De este modo es cómo Bastián descubre, en el fondo de aquella mina, la imagen de su padre:

“Mientras contemplaba la imagen que tenía ante sí, se despertó en él una añoranza de aquel hombre al que [ya] no conocía. Era un sentimiento que venía de muy lejos, como un oleaje tormentoso en el mar que, al principio no se nota, hasta que se acerca más y más y se convierte por fin en olas poderosas altas como edificios, que lo arrasan y anegan todo. Bastián se ahogó casi en ese sentimiento y tuvo que luchar para respirar…”

Hay novelas que parecen estar clasificadas al tuntún y de no haberse seguido otro criterio que el que resulta de hojear superficialmente sus páginas. Algo parecido a la relación que parece existir entre algunas contraportadas y el contenido real de la obra.

Tengo esa impresión con la mayoría de las publicaciones que conozco de Michael Ende. Momo por ejemplo, una novela que trata de manera sencilla algo tan complejo como el valor del tiempo, es clasificada en el ámbito de la literatura juvenil como si el mensaje que traslada estuviera ampliamente superado y no fuera interesante, o no lo necesitásemos, la gran mayoría del público adulto.

Algo parecido sucede también con La Historia Interminable, un relato de sufrimiento y de superación personal que está muy lejos de las interpretaciones fantástico juveniles con que se la ha vestido normalmente.

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En la foto, la edición de La Historia Interminable que me regalaron junto a las anotaciones que tomé, hace ya la friolera de 28 años, y sobre las que he basado este post; un tema que tenía pendiente y que no quería aplazar un año más.


domingo, 20 de mayo de 2012

Las Nieblas de Ávalon

Aquellos que me conocen bien saben que, en mi, hubo un antes y un después a partir de Las Nieblas de Avalon, una obra que más allá de un entretenimiento bibliográfico fue como una inmersión bautismal y el emerger en algo muy íntimo que reconocí al instante como aquello que sin saber había estado buscando.

El argumento es muy conocido, corre el siglo VI d.c., las legiones han acudido a defender a una Roma moribunda y han dejado a la Britania celta a merced de las hostilidades de los anglos, jutos y sajones, los cuales buscan, sin cortarse un pelo, nuevos territorios donde establecerse.

Dividida entre una población romanizada que ha abrazado el cristianismo y una población que se mantiene en sus antiguas creencias y costumbres, Britania requiere urgentemente de un rey que pueda serlo de todos y, en consecuencia, reinar desde y para ambos sistemas de creencias. Y es aquí que surge la figura del rey Arturo en torno a la cual se hilará todo el argumento de esta novela que, aunque se apoye en la conocida historia, dejará las gestas y las batallas en un muy discreto segundo plano y captará toda la atención hacia la colisión y las trágicas consecuencias del enfrentamiento entre el cristianismo celoso, exclusivo y colonizador de la época y la antigua religión de la Diosa de claro corte telúrico y nítidamente orientada a armonizar la propia existencia con los ciclos naturales de la vida. No hay cascos, ni armaduras relucientes, ni fabulosos torneos en esta novela, no los hay ni se echan de menos.

Hay quien dice que Las Nieblas de Avalon es la historia del Rey Arturo escrita desde el punto de vista de las mujeres que aparecen en ella, pero yo diría que es más bien la historia de Morgana, su siniestra hermana, la cual logra deshacerse de las vestimentas de bruja, con las que ha sido tradicionalmente descrita por los clérigos medievales, para pasar a vestirse con los hábitos sagrados de una sacerdotisa de la Diosa y sucesora natural de la venerada Señora del Lago.

A diferencia de las grandes religiones soportadas a partir de fabulosas historias y normas contenidas en imponentes textos, la sola mención de la Diosa, entendida como la Vida que emana libre de los poros de la Tierra, pulsa una cuerda interior haciéndola vibrar de tal manera que la propia espiritualidad se funde con la misma alegría de ser y donde uno agradece y ama hasta el mínimo pliegue de la vida que está viviendo.

Éste es el efecto que causó en mí la lectura de Las Nieblas de Avalon y es por esto por lo que la considero una de aquellas obras “portal”, capaz de transportar a otro plano en el que es posible seguir existiendo, un manto en el que envolverse y liberarse de aquellos harapos tenebrosos y culpabilizantes con los que algunos crecimos.

The Last Sleep of Artur in Avalon [Edward Burne-Jones]

Tenía veintisiete años cuando, en uno de los primeros encuentros científicos de la Sociedad Catalana de Neuropsicología, mientras me hallaba cenando y hablando apasionadamente sobre alguna de las novelas del ciclo artúrico de Chrétien de Troyes, el Dr. Olivella, por entonces uno de mis referentes principales, haciéndose eco de mi entusiasmo me preguntó: ¿Conoces The Mists of Avalon?

Al poco me encontré envuelto en esas nieblas:

Habla Morgana

“En mis tiempos me llamaron muchas cosas: hermana, amante, sacerdotisa, hechicera, reina. Ahora, ciertamente me he tornado en hechicera y acaso llegue el momento en el que sea necesario que estas cosas se conozcan. Pero, bien mirado, creo que serán los cristianos quienes digan la última palabra. Perpetuamente se separa el mundo de las Hadas de aquel en el que Cristo gobierna. Nada tengo contra Cristo sino contra sus sacerdotes, que consideran a la Gran Diosa como a un demonio y niegan que alguna vez tuviera poder sobre este mundo. Cuanto más, declaran que su poder proviene de Satán…”

“Hubo un tiempo en el que un viajero, teniendo voluntad y conociendo sólo algunos secretos, podía adentrar su barca en el Mar Estival y arribar, no al Glastonbury de los monjes, sino a la Sagrada Isla de Avalon. Porque en aquel tiempo las puertas de los mundos se difuminaban entre las nieblas y se abrían, una a otra, cuando el viajero poseía la intención y la voluntad. Pues éste es el gran secreto que era conocido por todas las mujeres y hombres cultos de nuestra época: basándonos en nuestro pensamiento, creamos el mundo que nos rodea, diariamente renovado”

domingo, 24 de abril de 2011

Desde mi sombra…

Si tuviera que partir corriendo y me fuera concedido el deseo de llevarme conmigo unos pocos libros de todo lo que a lo largo de los años me he leído, una de esas lecturas sería La Invención de la Soledad de P. Auster.

Para mí, este libro no fue tan solo la Piedra de Rosetta que descifró y dio significado a la primera producción de un autor que me interesó en un tiempo, sino que se transformó en un eje que atravesó diametralmente mi vida y me permitió tomar conciencia de aspectos demasiado cercanos a mí mismo como para poder darme cuenta de que pertenecían realmente a otras personas.

La invención de la soledad es una novela con tiznes autobiográficos que se divide en dos partes: el retrato de un hombre invisible, donde el autor recrea la relación con un padre por el que se sintió ignorado, y el libro de la memoria, donde el narrador refiere sus propias sensaciones con su hijo, un juego de espejos, a fin de cuentas, donde cada superficie le devuelve su propio reflejo al autor haciéndole responsable de su forma de querer verse a partir de una realidad que le aporta siempre una nueva imagen de sí mismo.

Hay narraciones en las que se entra en tal complicidad con el autor que podría llegar a imaginarse que han sido escritas por o para uno mismo, tal es el efecto que me causó esta lectura donde me reconocí con todos y cada uno de los detalles, emociones y sensaciones que se iban destilando, lenta y rítmicamente entre sus páginas.

Y es que hay novelas que te parten literalmente en dos y te invitan a regenerarte a partir de aquellos aspectos que te aportan una visión más nítida de todo aquello que te rodea, hasta tal punto que uno tiene la sensación de que en cada división se vuelve más pequeño, ágil y ligero, como si estuviera más en sintonía con el aire que le rodea, listo para diluirse en él y desaparecer...

En mi caso hay varias [no sé si son muchas o pocas] obras con la capacidad de haberme envuelto entre sus páginas formando con ellas una crisálida que ha divido mi existencia en un antes y un después. Destacaría entre ellas El Cuarteto de Alejandría de Durrell, el De Profundis de Wilde, La Muerta Enamorada de Gautier, o la exquisita ficción de M. Zimmer Bradley en Las Nieblas de Avalon, la novela en la que un esqueje de mi amputada espiritualidad encontró el sustrato adecuado para poder echar de nuevo raíces y convertirse en un deleroso amante de esa gran Diosa que es la vida.
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En la foto, mi sobra junto a la de mi hijo.

sábado, 3 de julio de 2010

Contar cuentos…

Quizás, como apunta Lewis Carroll en Alimentar la mente, se puede haber leído, presumiblemente mucho y bueno, pero quizás no del todo bien, llegando a un estado de obesidad mental que causa cierta fatiga andar ciertas lecturas o subir ciertas elucubraciones, jadeando tanto que no queda más remedio que abandonarlas. Y es que ciertas generaciones no recibieron ninguna educación alimenticia, no les colocaron por sistema ortodoncias y tampoco se les advirtió de las consecuencias que, para la mente, tiene el no observar una dieta equilibrada de lecturas.

Ciertos abusos tarde o temprano se pagan y, personalmente, me encuentro entre aquell@s a los que les cuesta remontar un ensayo que vaya más allá del tamaño de un breve post e intentan, con pocos resultados, rebajar esos kilillos de más echando mano de los consejos de alguien del cual admiran la silueta mental o la gracilidad de sus ideas.

Pero, impulsado por las secuelas de una bulimia lectora, todavía sigo recorriéndome las zonas de ensayos de las librerías buscando ampliaciones a temas que pienso que me interesan y, lo que es peor, adquiriendo obras que estoy seguro que no leeré, sin lograr zafarme de esta obsesión por capitalizar una información que no necesito y seguramente ya no me importa.

Con el ensayo sobre temas relacionados con mi oficio es todavía peor. Creo que he desarrollado una mente atópica, a la que le sale todo tipo de sintomatología alérgica ante esta, digámosle, literatura. Me supera el lenguaje barroco para describir conceptos que me parecen la mayor parte de las veces simplones, los ejemplos se me antojan casi siempre lejanos, inaccesibles o infantiles y el conjunto lo encuentro, en general, aburridísimo. Sea por lo que sea, me cuesta horrores abordar con disposición y ánimo a autores, a pesar de que, como defiende un colega, hablen bien y sepan de lo que hablan.

El ensayo tiene algo de sintético y de fácil. No es exactamente el mundo sino algo que se destila de él y que lo han destilado para ti. Lo veo un poco como saber masticado por otr@, donde se ha separado la paja del grano y que, ya sea porque proviene de un gurú o porque se reconoce como algo que se sabe pero no se ha dicho, simplemente se admite o no.

Personalmente prefiero otras formas, quizás mucho más antiguas, de generar conocimiento como lo es un cuento bien explicado. Una buena historia, que tenga cabida en el mundo y que despierte relaciones conceptuales. Historias que despierten imágenes, imágenes que se vinculen a experiencias, experiencias que generen saber propio.
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La imagen corresponde a BlackSad, una novela gráfica que me ha sugerido cosas muy interesantes.

viernes, 26 de febrero de 2010

El síndrome del Dr. Frankenstein

Una previa: De buscar referentes para mi trabajo, personalmente intento huir de esa literatura pesada, de fondo, con la que tanto gusta maquillarse a much@s. Y es que no sólo de Sennett vive el artesano sino de otros materiales quizás menos eruditos, pero no por ello menos instructivos o acertados, que vienen de esta narrativa tan ninguneada en nuestras doctas exposiciones conceptuales. Pongamos por ejemplo, la fabulosa novela de Mary Wollstonecraft Shelley: Frankenstein o el moderno Prometeo.

Como ya sabéis, en esta magnífica novela, concebida en oscuras condiciones en Villa Diodati en el verano del 1816, el Dr Frankenstein, artesano donde los haya, no tan sólo se empeña en darle vida a un muerto sino que, además, quiere que esta vida se desarrolle con todos los sentimientos y cogniciones propias que distinguen a los vivos. Proyecto, a todas luces, ambicioso que concluye de la forma desastrosa que tod@s conocemos y que el cine ha desarrollado prolijamente. Vaya que el monstruo inducido a un estado penoso y lamentable se desmadra buscando, al final, hundirse en el más profundo de los abismos junto a su creador.

Es indudable que, de entre las múltiples interpretaciones que se pueden hacer de esta obra, se desprende aquella que ilustra, que para grandes objetivos, lo mejor es ir step by step. ¿Qué hubiera sido del monstruo si el Dr. Frankenstein se hubiera propuesto primero desarrollar una mano con capacidad de coger? ¿Y si luego la hubiera articulado a un brazo para poderla trasladar en su espacio circundante? ¿Y si luego le hubiera puesto unas piernas para poder desplazarse? ¿Y si, después… etcétera?

Pero, es más fácil decirlo que hacerlo, para qué nos vamos a engañar. Tenemos un dispositivo inoculado para hacer difíciles las cosas sencillas, es como si así adquirieran más valor. Nada, que por mucho que creamos que el barroco es algo del pasado continuamos obsesionad@s en convertir lo cuadrado en redondo y lo redondo en cuadrado, edificando, de entrada, palacios con jardines versallescos.

Hay un disparador en nuestra constitución que nos impele a elaborar castillos en el aire a la mínima idea que queremos impulsar y valores, como los de la simplicidad, se aguantan mejor sobre el papel que cuando se aborda, en la práctica, cualquier tipo de proyecto.

Y no es sólo que nuestro entorno haya aumentado exponencialmente en incertidumbre, es que de siempre se ha sabido que lo mejor es ir por partes [aquí no puedo evitar siempre pensar en Jack el Destripador…], provocar pequeñas explosiones controladas antes de activar una traca fabulosa. A la larga [o quizás no tan a la larga] podremos organizar una falla sin temor a provocar un incendio de dimensiones neronescas.

Vale la pena entrenar y muscular la capacidad de contención de esta vehemencia ambiciosa [afán] que nos da por buscarlo y quererlo todo en el primer momento, esa necesidad de tener que derribar gigantes de una pedrada…, vale la pena, repito. Y si no, miremos las monstruosidades que se nos ocurren y que desembocan la mayor parte de las veces en fracasos que tan sólo inducen al desaliento y al miedo por emprender nuevos proyectos.

Aquejados del Síndrome del Dr. Frankestein, algún@s [muchos] van por ahí liándola, consiguiendo, con las mejores intenciones, tan sólo el deseo por la muerte del monstruo… y es que hay que leer… mejor…

Sirva también este post para reivindicar el valor de la narrativa como referente tan válido como el que más, a las filosofías, conceptos y metodologías con las que trabajamos.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Noodinámica y asesoramiento directivo

De cara a pensar en regalos para estas navidades, no es mala idea obsequiar a alguien muy especial con la magnífica novela gráfica de Art Spiegelman: Maus.

Maus trata sobre las [des]venturas del padre del autor: Vladek, un judío polaco que vivió y superó la hecatombe a la que se vio sometida su gente en la Segunda Guerra Mundial.

De una manera fabulosa, Art Spiegelman traza el perfil de un superviviente en el que destaca, por encima de cualquier cosa, el desarrollo de una metodología de superación de las adversidades, claramente teñida de una confianza y convencimiento total en conseguir aspectos deseados que van más allá de superar las fronteras marcadas por la dramática cotidianeidad.

Sin rendirse a la presión y con no poco sufrimiento, Vladek logra transcurrir un largo trecho de penurias, obcecado con la mirada fija en una esperanza; y esta actitud no tan sólo le lleva a salvar su vida sino, incluso, a beneficiar a algunas personas cercanas a él.

De la lectura de Maus y de otros “destilados”, espléndidamente desarrollados por psiquiatras y neurólogos supervivientes en campos de concentración que llegaron a conformar lo que en su día se dio en llamar La Tercera Escuela Vienesa de Psicología, queda claro que:

> Aunque la vida marque unos parámetros, un@ siempre es libre de decidir su actitud ante ellos...

> Las actitudes no han de tener sólo como frontera la situación en la que ya se encuentra uno mismo sino que, además, han de estar inspiradas y en consonancia con algo que las dote de sentido en un futuro cercano. En una esperanza de tránsito a otra situación deseada [no quiero referirme aquí a objetivos ni a visiones de futuro a largo plazo].

> La búsqueda de sentido a su propia existencia es lo que mueve a la persona a lo largo de su vida y, contrariamente a lo pregonado por algunas escuelas de la psicología, va más allá de la búsqueda de placer o del poder. Determinadas esperanzas mueven y han movido a sacrificios personales ingentes y, la falta de ellas, lleva a estados átonos...sin acento...que pueden desembocar en la enfermad [a nadie se le escapan los estados depresivos de algunas personas que han llegado, por ejemplo, a la finitud de su vida laboral].

> Difiriendo de algunos pensamientos biologistas alineados alrededor de la permanente búsqueda del equilibrio por parte del ser humano [homeostasis], la búsqueda humana de sentido y de valores suele nacer de una tensión interior que es indispensable para la salud mental.

Llevando estas reflexiones hacia mi campo, se desprenden una serie de indicaciones que bien podrían conformar el tapiz sobre el que se ha de desarrollar el asesoramiento y desarrollo de directiv@s:

> Forma parte de nuestro trabajo hacer emerger los valores y un cierto sentido de trascendencia en la persona a la que asesoramos. Nada se hace porqué sí, todo constituye un legado. La vida [organizativa] no es otra cosa que una cadena de legados…

> Hemos de vincular las decisiones a valores de la persona para dotar de sentido y coherencia a sus actuaciones.

> Ante las adversidades hay que evitar percepciones negativas del propio yo que frustren la voluntad de dar un sentido de tránsito a cualquier situación actual. Cada momento aporta un valor concreto a otro momento futuro.

> Hay que facilitar el distanciamiento necesario como para poder discernir las acciones que se llevan a cabo y los sentimientos de las que están impregnadas [no quiero sacar el concepto de “emoción” en este contexto por considerarlo demasiado impersonal...].

> Se ha de variar continuamente el punto de vista ante un problema o conflicto para analizarlo y aprender a enfocar la vida desde diferentes ángulos.

Noodinámica [del griego noos, que significa “mente”] es un término acuñado por Viktor Frankl, psiquiara que sobrevivió a Auschwitz y Dachau. Para él: “nada en el mundo ayuda a sobrevivir, aun en las peores condiciones, como la conciencia de que la vida esconde un sentido”, y citando a Nietzsche: “El que tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”.
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Foto de Lizardqueen

jueves, 23 de abril de 2009

Sant Jordi


Me sugiere Dampyr que tenga un detalle por el día que es: Sant Jordi. Yo creo que lo que a él le motiva de la leyenda no es tanto el caballero como el dragón, íntimamente vinculado al apodo de Vlad III que era Draculea, también llamado El Empalador; famoso en su tierra por su particular forma de controlar el flujo migratorio y que ha llegado a nosotros como supuesta inspiración de Bram Stocker en su más famosa novela: Drácula.

Así pues, os ofrezco un libro de la medida justa para un día como este, corto y exquisito: La Muerta Enamorada de Theophile Gautier. Un clásico donde los haya, imprescindible y bello.

Es ésta una novela corta (o un cuento largo según se prefiera) que ilustra a la perfección la importancia en la toma de ciertas decisiones y cómo, a veces, es conveniente no seguir ciertos consejos alineados con los valores del momento.

En resumen, un@ ha de hacer aquello que quiere hacer y no aquello que se cree conveniente que haga, el precio pagado puede no compensar lo suficiente…

Para vosotr@s, La Muerta Enamorada (os la podeis bajar aquí).

viernes, 10 de abril de 2009

Off-topics

Tres variables intervienen en que este post sea fuera de lo esperable:

> La primera es que, ayer, durante un momento, las nubes dejaron entrever una sugerente luna llena.

> La segunda es que estoy rodeado de un ambiente vacacional que invita a transgredir los parámetros habituales.

> La tercera se debe a un
post en el que se aconseja salirse, de vez en cuando, de la temática habitual del blog.

Así pues romperé momentáneamente las barreras del espacio-tiempo y estableceré un vínculo con mi
alter ego lanzando al aire una singularidad de mi ciudad, cual tenebrosa saeta, en esta folclórica época del año.

Creo que fue
Montalbán quien dijo que una ciudad, para ser considerada como tal, tenía que cumplir con tres rasgos distintivos: un buen servicio de taxi, jazz y novela negra con marca de identidad. Yo añadiría a estos rasgos el hecho de tener a su propio vampiro, y Barcelona, cumple con todos estos requisitos para ser considerada una gran ciudad según el canon anterior.

Este es el caso de
Enriqueta Martí, la vampira de la calle Poniente, que conmocionó a los barceloneses con su original manera de gestionar los recursos infantiles de la ciudad, en los tiempos de la Semana Trágica (1912). Lo más curioso de este personaje es que, aparte de ser una psicokiller comme il faut, se especuló mucho sobre su adicción al Bloody Mary versión original.

Enriqueta vuelve a estar de moda de la mano de tres novelas que, consecutivamente han aportado diferentes aproximaciones a tan pintoresco personaje:

>
El misterio de la calle poniente de Fernando Gómez: donde se exponen en clave de ficción los hechos en boca de los personajes que tuvieron algún contacto con ella. Se añade a la lectura de esta novela el placer de la visión costumbrista de una Barcelona, en color sepia, siempre atractiva para l@s amantes de la ciudad.

>
La mala mujer de Marc Pastor: en la que nos muestra la cara más oscura de la ciudad de la mano de dos inspectores de policía que nada tienen que envidiar al mitológico Callahan. Toda la obra está adobada con diálogos entre los inspectores que combinan la dureza profesional con una cultura exquisita respecto a las principales obras del género fantástico y de terror.

>
El cielo bajo los pies de Elsa Plaza: que plantea una aproximación diferente consistente, en palabras de la autora: en trazar esta historia desde el punto de vista de las mujeres, punto de vista que fue sistemáticamente obviado.... poner el acento en el sensacionalismo y la misoginia que destilaba la prensa de entonces... rendir homenaje a esa cultura popular y paralela que entonces surgía en forma de movimientos sociales: feminismo, esperantismo, vegetarianismo, sindicalismo, anarquismo, socialismo ... movimientos que intentaron poner remedio a esta situación.
Ahí queda esto...no será por lecturas...además, de aquí a poco seguro que sale una película...

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La luna que aparece en la fotografía superior, es la de ayer. Quizás esté un poco movida pero no deja de ser inquietante... a su izquierda se erige el bosque de robles y encinas del post anterior...

jueves, 9 de abril de 2009

La novela como recurso


Hace ya tiempo, mucho antes que se pusiera de moda y que incluso en Capital Humano le dedicaran un espacio, con un equipo de colegas ya utilizábamos fragmentos de películas para ilustrar aspectos relacionados con el uso de herramientas de gestión o con el desarrollo de capacidades de dirección.
Así pues Henry V, Glengarry Glen Ross, El Padrino o Doce del Patíbulo fueron objeto de visionados para reflexionar sobre, liderazgo, motivación, estrategia o trabajo en equipo respectivamente.

Hubiéramos añadido más películas a la colección si no fuera porque la mayoría de las que encontrábamos hacían referencia a aspectos bélicos o entraban dentro de la imaginería particular de la ciencia ficción. Así pues, ciertos capítulos de Star Trek hubieran encajado a la perfección para ilustrar aspectos de liderazgo que el Capitán Jean-Luc Picard desarrollaba con total naturalidad. Pero los prejuicios de muchas personas en aceptar que la ciencia ficción también es seria, nos hizo desistir de utilizar ciertas joyas y relegarlas a ocasionales conversaciones, con colegas cómplices, en ámbitos informales… (hip!).

Sirva esto como introducción porque lo que realmente quiero traer a este blog es la poderosa utilidad que también tiene la narrativa como complemento a la hora de reflexionar y obtener las propias conclusiones sobre temas de gestión, desarrollo organizativo y capacitación directiva.
Casi en los inicios de este blog, ya hice referencia a la utilidad de una obra para inducir a pensar sobre aspectos relacionados con la gestión del conocimiento. De la misma manera tengo a bien incluir, entre la bibliografía recomendada en formación y en asesoramientos personalizados, novelas que, de alguna manera u otra, desarrollan o circulan por los temas tratados.

La calidad de la escritura y el interés que despierta una historia bien desarrollada (no deja de ser un caso) son algunos de los beneficios que aporta la novela en contraposición a los textos de management al uso, generalmente tediosos…

Aquí tenéis alguno de los títulos que he utilizado:

- El Juego de Ender y La voz de los muertos (ambas de Orson Scott Card) para ilustrar aspectos relacionados con el liderazgo o con el rol del consultor respectivamente.

- Momo (Michael Ende) y, en especial, el capítulo de Los Hombres Grises, es idónea para iluminar grandes verdades sobre la interpretación que hacemos del tiempo. También puede ser utilizada para reflexionar sobre aspectos relacionados con el estrés y con todo aquello que tenga que ver con afrontar el día a día a lo slow…

- Estupores y temblores (Amélie Nothomb) No soy muy amante de esta autora pero esta novelita ejemplifica a la perfección la necesidad de no ceñir la misión de la organización a las funciones que normalmente realiza sino a aquellas que realmente debería estar realizando.

- La cadena rota y La casa de Thendara (ambas de Marion Zimmer Bradley) me es útil para recrear aspectos relacionados con la igualdad y el recurrente conflicto entre géneros. Personalmente recomendaría toda la serie pero quizás no sería del todo objetivo ya que me considero uno de los admiradores de esta autora y en especial de Las Nieblas de Avalon, novela que marcó un antes y un después en mi vida…
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La fotografía corresponde a un pequeño bosque de encinas y robles que hay en mi escondite aquí, en la Tierra. En el centro se puede distinguir una gran piedra en la que hay una fuente (no se aprecia en la imagen). Mi hijo y yo le llamamos La fuente del Druida, por aquello de estar entre robles…Realmente es un bosque mágico, hay que andar con mucho cuidado para no pisar a algún elfo…


martes, 3 de febrero de 2009

Apuntes en torno a la gestión del cambio

Como lector [y como espectador en general] tengo la tendencia a relacionarlo todo. Me refiero a que establezco fácilmente conexiones entre lo que leo [fundamentalmente la narrativa] o lo que veo [cine por ejemplo] con la vida misma, básicamente la mía, tanto personal como profesional, si es que realmente hay una distinción entre la una y la otra. No se vaya a pensar que me considero un espécimen único pero tampoco es lo más habitual.

A lo que iba, me he encontrado a mí mismo hipnotizado ante este fragmento de La memoria del tiburón de Steven Hall:
Todas las células del cuerpo humano se renuevan cada siete años. Esto significa que en el momento presente no hay ni una sola parte tuya que haya formado parte de ti siete años atrás.
Todo cambia continuamente.

Si observas tu sombra circular a lo largo del día, tomándote a ti como eje, alrededor de tu cuerpo piensa que has recorrido mil ochocientos sesenta kilómetros siguiendo la rotación de la tierra. También has
recorrido ciento veinte mil kilómetros por el espacio girando alrededor del Sol en el mismo periodo de tiempo, y muchísimo más como una parte de la espiral creciente de la galaxia.
La inmovilidad no existe; todo es cambio. El aquí de ayer no es el aquí de hoy. No podemos despertarnos nunca en el mismo sitio donde fuimos a dormir. Nuestro sitio en el universo, y el universo mismo, cambia a cada instante. Todo avanza sin posibilidad de marcha atrás. En la práctica, la inmovilidad es una fantasía.
Este fragmento invita a replantearse, entre muchas cosas, las metodologías al uso para impulsar el cambio en las organizaciones, desde sus propios cimientos.
El factor del cambio como un hecho irrevocable y no como el planteamiento resultado de una decisión, altera totalmente el enfoque tradicional al que estamos acostumbrados.

Siempre he partido de la premisa de que impulsar el cambio consiste en articular un conjunto de actuaciones dirigidas a adaptar la organización a los requerimientos de su entorno. En este sentido, he[mos?] actuado como si la organización estuviera parada mientras el entorno cambiaba y, según Hall, esto ya es en sí mismo una falacia. Se ha de abordar el cambio desde una organización cambiante que ya es distinta.

El conjunto de actuaciones dirigidas a impulsar el cambio no han de ir dirigidas a sensibilizar sobre la importancia de cambiar sino a admitir que ya hemos cambiado y que, en todo caso, conviene seguir cambiando para amoldarnos, ajustarnos, a nuestra nueva identidad e imagen.

La resistencia al cambio no se ha de combatir, como si de una opción ideológica válida se tratara. La resistencia al cambio es fruto de la ignorancia. Es como no estar vivo sin haber muerto…no-muertos organizativos [ :-O ]. Se ha de evidenciar el cambio para desenmascarar fanatismos inútiles.

En resumen, avanzo seis puntos en forma de boceto para un posible debate:

1. Para abordar el cambio hay que conocer, no tan sólo la organización de la que partimos, sino la organización en la que ya nos hemos transformado.

2. El cambio no se impulsa, el cambio se admite, siempre vamos por detrás de los acontecimientos, creo que eso es [muy] bueno tenerlo siempre en cuenta.

3. La resistencia al cambio es una opción ignorante y, a todas luces, contra natura, vivir de espaldas, convivir con fantasmas, una variante organizativa del síndrome de Peter Pan…

4. Impulsar el cambio supone disponer recursos para alinearse con el nuevo orden del momento, no para crear un orden original o nuevo.

5. Aceptar el cambio implica principalmente hacerlo evidente, disolver la membrana de la nostalgia y la fe en la permanencia. No hay nada de cierto en aquello de que más vale malo conocido…ni en aquello otro de que el cambio siempre es positivo. El cambio, sencillamente, es.

6. Nada es para siempre, de hecho este post ha caducado mientras se estaba escribiendo.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Los Cuclillos de Midwich

Seguro que muchos de vosotros conocéis, hace ya unos añitos, Las Crisálidas de John Wyndham. Ésta fue, al menos para mi, una de las mejores novelas de obligatoria lectura [incomprensiblemente] cuando iba a la escuela.

Del mismo autor es El día de los Trífidos, obra a partir de la cual se rodó una película en Sitges y que sufrió el amigo mkl, ya que unas esporas de esas malditas plantas anidaron en sus cuidadas jardineras [estuvimos años observando su evolución entre arroz y arroz y, entre botella de Chivite y botella de Chivite…].

Bien como todavía [insisto] todavía, no estoy muy versado en eso del dospuntocerismo, traigo a colación algo de lo que sí domino un poco más: del mismo autor es una novela preciosa con el curioso título en castellano de Los Cuclillos de Midwich [The Midwich Cukoos; 1957].

Así, rápidamente, el argumento trata de un pueblo que queda totalmente sumergido en un sueño presumiblemente inducido por una potencia extraterrestre. El resultado es que al despertar todas las mujeres del pueblo están embarazadas. A los nueve meses nacen unos niños y una niñas [con una cierta retirada aria…todos rubitos, ojos azules, etc. ¡vaya!, los de la foto] que poseen una curiosa facultad y es que todos aprenden en conjunto y a la vez lo que cada uno va aprendiendo por separado. De este modo, en poco tiempo el desarrollo de cada uno es vertiginoso. Bien, los niños también tienen un poco de mal carácter, pero esto no viene a cuento aquí…

La novelita es del 57 y, en cambio, es excelente para reflexionar sobre temas muy al uso actualmente.

Vendrán más.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Ficción y realidad organizativa

No recuerdo quien decía [¿era Asimov?] que la verdadera ciencia ficción era aquella escrita por científicos, los cuales, modificando variables (físicas, sociales, etc.) consideradas estables, generaban escenarios insospechados que alteraban la relación entre los elementos dando lugar a situaciones y reacciones totalmente nuevas.

Este tipo de novela permitía, de este modo, no tan sólo entretener sino, además, desvelar posibles realidades ocultas por la estabilidad a la que nos tiene acostumbrados el mundo que conocemos.

El efecto de reflexión y de aprendizaje que puede suponer la narrativa es brutal si se enfoca la mirada lectora al análisis de las variables y se invita a determinar las conclusiones pertinentes.

En el desarrollo de mi trabajo, ya sea en el marco del asesoramiento personalizado [coaching] o, esporádicamente, en el de la formación de directivos, suelo utilizar y recomendar novelas para ejemplificar o para ampliar la reflexión sobre los elementos trabajados. No es otra cosa que utilizar la novela como si de un caso se tratase y, así, clarificar conceptos o proveer de perspectiva para generar nuevos puntos de vista.

Por otro lado, a diferencia de la literatura de ensayo, donde se nos da masticada la reflexión, en la novela, es el lector o la lectora quien destila su propio ensayo y, por lo tanto, lo hace más suyo.

Voy a utilizar también este espacio para comentar obras que pueden ser ilustrativas sobre temas (funciones, competencias, etc.) relacionados con la gestión o el desarrollo organizativo. Para empezar, propongo cuatro títulos:

· Momo de Michael Ende: Ilustra a la perfección qué significa escuchar en el marco de la solución de problemas y toma de decisiones. También es interesante el capítulo de los hombres grises para reflexionar sobre el impacto que tiene la concepción de tiempo en la gestión del estrés. Nunca he entendido porqué se la clasifica como novela juvenil…

· El juego de Ender de Orson Scott Card: Se trata de ciencia ficción de la de verdad por lo que hay que ir con cuidado a la hora de recomendarla. Hay personas a las que se les hace muy difícil identificarse o extrapolar experiencias de este género a la vida actual. Esta novela gira entorno a la formación de un líder para que desarrolle estrategias superiores a las que pueden ser concebidas por sus formadores.

· La voz de los muertos también de Orson Scott Card, continuación de la anterior: En ella el líder, arrepentido, se transforma en, lo que podríamos considerar, un consultor. Es magnífico como ilustra la búsqueda y la comunicación de información de manera clara, objetiva y concluyente.

· Estupores y temblores de Amelie Nothomb: Se trata de una novelita autobiográfica donde la autora refiere su experiencia como intérprete del director general de una empresa japonesa. Yo la utilizo para explicar que la misión de un puesto de trabajo no se construye a partir de las funciones que se realizan, sino a partir de lo que se debería estar realizando. En la novela, la protagonista choca con una de las jefas y, en el momento en que le encargan limpiar los lavabos de la organización, se pregunta cuál es su verdadera razón de ser en la empresa. Está claro que, a partir de la situación en la que se encuentra, hace falta articular los mecanismos para el cambio…

Últimamente he leído la novela de Stieg Larsson: Los hombres que no amaban a las mujeres. En esta novela se expone magistralmente la competencia de búsqueda de información y la relevancia que tiene actualmente la red para ello. Quizás es un poco larga, pero vale la pena.

Vendrán más.