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domingo, 19 de abril de 2020

Vacío


En su maravilloso libro, El universo en tu mano, Christopher Galfard nos hace viajar imaginariamente, entre estrellas, más allá de las galaxias, por la oscuridad, a través de inmensas esferas, hasta que, a millones de años luz, damos con una pared, un gran muro que rodea todo este universo conteniéndolo en una gran esfera como si se tratase de la versión inmensa de aquellas canicas de vidrio que tenían dentro una espiral de colores vivos.

Y no se puede evitar pensar que al lado de esta gran esfera puedan haber otras esferas que a su vez contengan otros universos y que, todas ellas quizás se encuentren dentro de una esfera todavía mayor que a su vez se halla al lado de otras grandes esferas y así hasta marearse uno con tanto infinito y de sentirse, cada vez, más micropartícula entre tanto tamaño inimaginable.

Como le sucede al adolescente de Julian Ayesta en su novela Helena o el mar de verano, que en la soledad de una situación de espera piensa en cómo serán de verdad las cosas y se le va la pinza imaginando que nuestro mundo con su cielo, mares, barcos, mujeres y hombres se halla dentro de un bichito que está dentro de otro bichito mayor que se encuentra dentro de un protón que forma parte del núcleo de un átomo, de una molécula de un pelo de sabe Dios que gigante o cosa rara que no nos podemos imaginar.


Y con todo, a uno le viene a la memoria aquel vídeo que, partiendo de un quark, hace un zoom vertiginoso atravesando el núcleo, el átomo, la molécula, el ADN, la célula, de una gota de agua y el zoom sigue hacia arriba y se ve cómo vamos dejando la tierra, el sistema solar, la galaxia hasta perderse en la oscuridad total, allí donde debe encontrase el muro de nuestro universo que describe Christopher Galfard en su libro y del cual sospechábamos que se trataba de una sola de las canicas de una gran bolsa que, como imagina el adolescente de Julian Ayesta, lleva alguien que a su vez forma parte de algo mayor y así hasta el infinito.

En todo esto parece como si, disminuyendo proporcional y progresivamente de tamaño, pudiéramos viajar de infinito a infinito cruzando en línea recta ya que, al final, desde los quark hasta el universo, todo son esferas, formadas por esferas que guardan entre si distancias tan grandes que podríamos atravesarlo todo sin chocar con nada ya que no hay nada contra lo que chocar porqué todo, absolutamente todo, está formado por partes separadas, a su vez, por grandes espacios vacíos.


Entonces parece como si se estuviera más cerca de entender el poder atribuido al círculo, no tanto por ser la representación plana del perímetro de una esfera como por contener en sí mismo el vacío al que remite todo y en el que todo es posible, tal y como decía Lao Tse refiriéndose al Tao:

Al Tao se le llama la Gran Madre.
Vacío pero inagotable,
da nacimiento a infinidad de mundos.
Se halla siempre presente en tu interior.
Puedes usarlo del modo que quieras.

Y es con todo esto, con la clara consciencia de la inmensa presencia del vacío, que se me revela en todo su significado el poema de Roberto Juarroz:

A veces parece
Que estamos en el centro de la fiesta
Sin embargo,
en el centro de la fiesta no hay nadie.
En el centro de la fiesta está el vacío.
Pero en el centro del vacío hay otra fiesta.


viernes, 2 de febrero de 2018

El poder de "contar un cuento"



La forma más efectiva de transmitir verbalmente una idea sin necesidad de que se deban tomar apuntes, leerlos y releerlos, muchas veces, hasta memorizarlos, es explicando un cuento.

El cuento ha sido, desde antiguo, unos de los principales recursos para transmitir experiencias y conocimientos o para inculcar valores, códigos de conducta y temores. Un ejemplo lo tenemos en las religiones; los textos religiosos acostumbran a ser recopilaciones de relatos, historias que explican las vicisitudes de tal o cual personaje, no están apoyadas en sesudos argumentarios, te explican un relato, por ejemplo el de Adán y Eva y retienes fácilmente la secuencia de acontecimientos: la creación del hombre, la costilla y la mujer, la felicidad inicial, el árbol, la prohibición, la manzana y la serpiente, la mordida compartida, el desnudo, la vergüenza, la hoja de parra, la expulsión, tinieblas y sufrimiento.

Una sucesión de imágenes que nos atrevemos a transmitir con total seguridad sin necesidad de tener que repasarlas para poder retenerlas ya que, gran parte de este efecto que producen los relatos se debe a que estimulan, en las personas, una recreación visual imaginaria de aquello que están escuchando o leyendo. Inevitablemente reproducen en su fantasía, los escenarios, situaciones, voces o el rostro de los personajes que aparecen en la narración. Tanto es así que, cuando, por ejemplo, un relato se lleva al cine, hay quien se niega a ver la película por el temor a que las imágenes que muestra la pantalla no se correspondan con las que imaginó en su momento.

Esta es una de las claves del extraordinario efecto que ejercen los relatos sobre los seres humanos, el de abducirlos y transportarlos imaginariamente a los escenarios en los que se reproduce la historia y es justamente ahí, en este poder vivencial, de donde emana su extraordinario efecto pedagógico.


Porque los ojos abiertos, con las pupilas dilatadas, en la impasibilidad rayana con la parálisis con la que representamos a una criatura escuchando un cuento, se dirigen hacia dentro, hacia la secuencia de imágenes que su mente está recreando, al universo en el que le ha sumergido la narración. Los cuentos invitan a acompañar muy de cerca a los protagonistas en sus peripecias, a ver el mundo desde sus ojos, a empatizar con ellos. Sin lugar a duda, en un momento de nuestras vidas, todos fuimos Caperucita y nos internamos en aquel bosque.

Poder seguir al personaje hasta el punto de vivir lo que le está ocurriendo y confundirse imaginariamente con él, permite experimentar en carne propia, no tan sólo el efecto de sus decisiones, sino el proceso y los criterios que ha seguido para tomarlas, de ahí que uno de los momentos más poderosos, siguiendo con el ejemplo de Caperucita, sea cuando se detiene a hablar con el Lobo, algo que en nuestra mentalidad infantil, no podíamos entender de la protagonista [¡pararse a hablar con el Lobo”!] pero que, inconscientemente, impactaba con un mensaje de gran valor pedagógico, la conveniencia de no imitar y huir del carácter veleidoso e inconsciente que ya intuíamos en aquella niña que se distraía, alegremente, con flores y pájaros, ajena a los consejos de su madre e indiferente a la terrible amenaza que acechaba en el bosque. Esta era la gran lección.

La efectividad del cuento se halla en su poder para sumergir en la situación a quien se halla bajo su influjo, esto es lo que hace posible que se perciba más de lo que está escrito, que se empatice con las sensaciones y emociones de los personajes, que se viva, comprenda y asimile la situación como si fuera propia.

Los recursos pedagógicos del cuento se encuentran en la propia narración, en ningún momento el adulto aclaraba el porqué de tal o cual reacción. No era necesario dar explicaciones sobre los efectos espeluznantes de encontrarse con el Lobo en el bosque. Al final de la historia, tampoco se hacían preguntas sobre los puntos fuertes o débiles del carácter de Caperucita ni sobre los aspectos que refrendaban las principales conclusiones que se desprendían del relato, no hacía ninguna falta. Tan sólo era necesario deshilar el relato cuidando de que los matices en el timbre y el volumen de la voz junto, con un adecuado uso de los silencios, crearan el espacio suficiente para que la imaginación hiciera el resto y los principios activos del relato actuaran en nuestra mente inoculando los ruidos, colores, sonidos, sensaciones, criterios, valores, gozos y recelos agazapados en cada pliegue de la narración.

Ahí está la fuerza del cuento y la razón de que, al margen de edades, niveles culturales y condición social, una historia, bien contada, siga siendo, de largo, el canal más poderoso para transmitir experiencia, valores y miedos entre los humanos.

Leer es bueno para cualquier persona y sería fantástico que, además de conveniente, fuera igual de interesante y habitual, pero, para aquellos profesionales cuya actividad depende o está basada en comprender las circunstancias o el punto de vista de otras personas, la lectura debiera ser un hábito, algo totalmente integrado en su día a día, uno de los canales más importantes para su desarrollo profesional.


Y el tipo de lectura al que me refiero no es la de los textos técnicos, de pensamiento, ensayo o de actualización profesional, no, sino la narrativa, la novela, sin importar que ésta esté basada en hechos reales o de ficción, ni que la temática o el argumento sea de fantasía, policíaco, psicológico o de aventuras. Tan solo que sea un relato, el desarrollo de una historia basada en las evoluciones de unos determinados personajes inmersos en sus propias vidas, que estimulen en nuestra imaginación su visión del mundo, las circunstancias que influyen en sus decisiones, que muevan a empatizar con sus emociones y sentimientos que, en suma, permitan integrar a nuestra propia experiencia, su vivencia.

Esta es, sin duda alguna, una de las maneras más efectivas de aumentar nuestra experiencia, conocer nuevos mundos, situaciones y personajes y, en consecuencia, de ampliar nuestra visión comprensiva de todo lo que nos rodea.

Del mismo modo, aquellas personas interesadas en transferir los aspectos más sutiles y basales de su experiencia o en compartir su punto de vista, opinión o conocimiento sobre algún tema, debieran hacer uso del poder de un cuento para lograr su objetivo, despertar el interés de su auditorio, capturar su atención y sumergirlo en la situación, dar volumen y hacer más vívidos los contenidos para facilitar su comprensión y aprendizaje.

Nuestras organizaciones debieran de llenarse de los relatos y de las historias de su gente, que sus experiencias fueran contadas, conocidas por todos e integradas en el acervo de aquel conocimiento corporativo con el que las personas tejen el vínculo atemporal que existe entre ellas y obtienen las orientaciones y criterios tan útiles en sus decisiones.

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  • Desconozco quien es la autora o autor de la imagen que encabeza el artículo, pero me gusta especialmente el giro inesperado que puede cobrar la historia.
  • La segunda imagen es un detalle de Story of Golden Locks de Seymour Joseph Guy [1870].
  • La última imagen es la reproducción de un óleo de Carl Larsson que lleva por título: “Caperucita Roja y el lobo en el bosque” [1881].



sábado, 12 de abril de 2014

El testamento de María

Mi relación con la religión es compleja dado el espacio que ocupó en mi infancia y en el de muchas personas de mi generación. Ahora, con unos cuantos años de más, me doy cuenta y no me importa admitir que mi distanciamiento de ella se debió fundamentalmente a las mismas razones de todas aquellas cosas de las que me he alejado, es decir, a los muros y fronteras que separan el modelo de vida que vivo del que me apetece y quiero vivir. Pero esto me ha pasado en todo, en mi religiosidad, en algunos trabajos, en todo. Ahora ya tengo claro que no quepo en ningún molde que pretenda contenerme y no estoy muy seguro de que esto no sea un defecto.

Pero sea debido a lo que sea, alejarse aporta, nos guste o no, perspectiva y en mi caso me permitió distinguir la corteza del núcleo e identificar aquellos aspectos artefactuales, políticos y sociales, con los que continuo sin congeniar, de aquellos otros en los que resuenan los valores en los que me crie y que siguen evocándome los vapores dulces de una espiritualidad que buscó desarrollarse por otros derroteros indagando en las curvas de la filosofía, de religiones antiguas y de diosas triples, el contorno de esta vida que tanto me gusta vivir.

De ahí que ciertos títulos capten poderosamente mi atención y me haga con ellos, algo que me ha sucedido con El testamento de María de Colm Tóibín, una pequeña novela que nos expone una perspectiva de Jesucristo y sus seguidores desde el punto de vista de María su madre.

En esta obra se nos muestra a una María estupefacta y consternada por la insólita transformación de su hijo, alejada de lo que hace o predica y desconfiada de aquellos que le siguen o le persiguen.

Ante las reacciones y recelos que suscita Jesús en el sistema, María se debate entre el deber y el miedo, dejándose llevar por el temor que le suscita el entorno del momento y huyendo de aquellos escenarios donde lo evangelios insisten en situarla. Es ésta una obra polémica en la que María -y todos aquellos que la acompañan- cede al pánico que le ocasiona el ser reconocida y huye del pie de la cruz sin llegar a ver el final ni a dar sepultura a su hijo. Una escena maravillosamente escrita que logra sembrar en el ánimo del lector el mismo horror y la duda sobre la racionalidad de las descripciones alternativas que se han ofrecido y estamos acostumbrados a escuchar.

Colm Tóibín consigue abrir con esta obra un espacio interior, vacío y frío, mientras revela a un Jesús ciego de poder, indiferente a la presencia de su madre y poco sensible a las consecuencias y trastornos que pueden desencadenar en los vivos actos como los de resucitar a un muerto [Lázaro]. Esta novela es controvertida por cimentar los pilares en los que se sustenta la Iglesia actual en la ambición de aquellos evangelistas que secuestran el testimonio de María para evitar que ésta pueda decir algo que ponga en cuestión el mito que se esfuerzan en construir. María, una mujer que en el final de sus días busca su más íntimo consuelo en una imagen de la griega Artemisa.

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Datos del libro:

  • Título: El testamento de María. 
  • Autor: Colm Tóibín.
  • Editorial: Lumen.
  • PVP: 14,90 Euros.
  • ISBN: 9788426400208.
  • Número de páginas: 128.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Explorando los posibles adyacentes


Siempre he mantenido separadas las dinámicas sociales de mi trabajo con las organizaciones, quizás porque el top down al uso no me resultaba tan interesante como para rastrearlo en todos los escenarios en los que me muevo y quizás también porque lo que se llevaba era separarlo todo, la vida privada de la profesional, la razón de las emociones, la novela del ensayo, la amistad de los negocios o lo social de lo organizativo.

Sin embargo, en el momento actual se han dilatado tanto los poros que separan unas cosas de las otras que es imposible no hallarse a cada instante recogiendo datos, relacionando y apuntando posibilidades a partir de todo aquello que sucede en cualquier ámbito, ya sea éste social, organizativo, literario, filosófico, científico o del tipo que sea que afecte a las personas, en aquello que pretenden hacer y en los motivos de por qué lo hacen. Vaya, que es muy probable encontrar repuestas en sitios que se hallan muy distantes de aquellos donde se formulan las preguntas.

Siguiendo este hilo de reflexión, me parece importante subrayar dos temas: El primero es advertir de la conveniencia de desconfiar de todo aquél que tenga soluciones a los nuevos desafíos que se están formulando ya que lo que de verdad se necesita son buenas preguntas, de aquellas que orienten hacia dónde rastrear e ir en busca de respuestas a la altura de las circunstancias. Algo difícil de llevar a la práctica en un oficio como el mío, al que secularmente se ha acudido en busca de respuestas claras e infalibles y del que se exigen soluciones inmediatas a los problemas tal y como son planteados.

El otro es que, a la hora de investigar en materia de personas y de organizaciones, es importante reconsiderar las fuentes a las que acudimos en busca de información y que, sin llegar a perder de vista el objeto de análisis, es conveniente apartarse un poco de los temas de siempre para ganar en perspectiva y poderse dar un paseo por otros ámbitos distintos de los habituales y que pueden aportan esta nueva mirada tan necesaria a la hora de reenfocar las cosas más cotidianas.

En este sentido y de clasificar las principales fuentes de información que estoy manejando estos últimos años, quiero destacar tres grandes bloques que, aunque atípicos, me están aportando interesantes reflexiones en el terreno profesional:

En primer lugar destacaría el papel que están volviendo a ocupar los filósofos largamente menospreciados, olvidados e incluso desterrados de los programas formativos por esta supuesta falta de conexión con la realidad con la que se ha insistido en travestir cualquier duda que estuviera fuera del alcance de una respuesta funcional, simple, rápida y breve.

La falta de encaje entre lo que vamos sabiendo y lo que venimos haciendo ha llevado a la Ética al primer plano de los ámbitos de discusión científicos, educativos y organizativos. Y filósofos como Martha Nussbaum, Adela Cortina o Gregorio Luri [por citar aquellos que tengo de referencia] ocupan hoy en día un papel importante a la hora de enfocar interpretaciones, motivos o valores para cualquiera de los ámbitos que he destacado anteriormente. Particularmente me he encontrado con interesantes aplicaciones a las organizaciones en reflexiones planteadas desde campos aparentemente tan dispares como la Educación o la Neuroética, por poner un ejemplo.


En el segundo bloque, íntimamente relacionado con el anterior, hay que destacar la emergencia de la Teología y su contribución a arrojar luz sobre asuntos muy actuales y muy alejados de la rancia penumbra de las catacumbas académicas donde siempre la hemos ubicado. 

Creo que merece la pena destacar esta generación de teólogos que, cincel en mano, horadan en aquello en lo que penosamente han acabado cristalizando las principales religiones para rescatar el germen primigenio de los valores que las inspiraron. Unos valores que coinciden con aquellos que se reclaman desde el bottom up social más actual para derrotar y sustituir caducas concepciones sobre el sentido de la vida y de las relaciones entre los seres humanos. 

Por citar a algunos autores destacaría a Karen Armstrong y sus lúcidas aproximaciones a las constantes que se mantienen en la diversidad religiosa actual, a Francesc Torralba, imprescindible para bucear en la esencia de los valores, o a José Antonio Pagola ,con su polémica aproximación histórica a la figura de Jesús y de donde además de poder reflexionar sobre los valores y el liderazgo he podido extraer jugosos apuntes relacionados con el storytelling y con los mecanismos de influencia y persuasión social.

Y, para finalizar, en el tercer bloque situaría todo aquello que se está publicando sobre las bases neurológicas del comportamiento humano y su incidencia en lo social. Como ya he comentado otras veces, la relación fractal que siempre se ha establecido entre cómo creemos que funcionamos y la manera idónea de cómo pensamos que deben funcionar las cosas es importantísima para entender la transformación del modelo piramidal más clásico a la conexión en red del momento actual, así como su aplicación al diseño de nuevos modelos organizativos.

lunes, 27 de mayo de 2013

Cegueras


Príamo suplica a Aquiles/ A. IVANOV
Inspirado en el fragmento más bello de la Ilíada, cuenta David Malouf en Rescate [2009] como Príamo rey de Troya, renuncia a todo fasto y, despojado de su realeza, emprende, con las más humildes vestiduras, el viaje hacia las filas aqueas para rogar ante el gran Aquiles por su hijo Héctor, a quien el héroe insiste en mantener sin sepultura para escarnio de los troyanos.

De esa guisa y sentado durante el viaje en el pescante de un carro junto a Somax, un hombre sencillo que nada sabe de reyes ni de príncipes, el anciano rey asiste fascinado al espectáculo de un mundo que hasta este momento se ha mantenido oculto entre los pliegues de la pompa y del boato que rodea el poder.

Hay una preciosa reflexión de Príamo durante un descanso en el camino cuando, aconsejado por Somax, refresca los pies en las frescas aguas de un riachuelo:

“Naturalmente, todas esas cosas no eran en sí mismas una novedad. El agua, los peces, las bandadas de vencejos siempre habían estado allí, inmersos en sus propias vidas y pequeños quehaceres, ocupados en sus cosas, pero hasta ese momento no había tenido ocasión de darse cuenta de su existencia. No habitaban su esfera regia. Por ser innecesarios para la observancia o el sentimiento real, ocupaban un segundo plano, y su atención se fijaba siempre en lo que era importante. En sí mismo. La actividad oficial que recaía sobre su persona en cualquier acontecimiento o escenario, la pose formal que le correspondía mantener y que debía hacer resplandecer.”

Llama especialmente la atención de la novela esa mágica aparición del mundo que va manifestándose mientras desaparece toda ambición que no sea la natural que mueve a ser, sencillamente, un padre que ruega por el cuerpo de su hijo muerto. Y, de alguna manera, el lector sabe que este viaje es realmente una ablución, una purificación en la que sólo despojándose de toda la superficialidad y ostentación vinculada al poder, Príamo encuentra las palabras necesarias para rozar el alma de Aquiles, recordarle a su padre ausente y llorar juntos, cada uno por su ser querido.

William Blake [1779] Lear and Cordelia in Prision

En El Rey Lear, William Shakespeare traza la historia de otro poderoso que decide dividir su reino tomando como unidad de medida la cantidad de afecto que le muestren sus tres hijas. De este modo, cegado por la adulación, cede todo su reino a dos de ellas en detrimento de la más pequeña [Cordelia] que, como muestra de respeto y negándose a participar del engaño de sus hermanas, le responde que lo que siente por él es sólo aquello que le debe una hija a su padre.

La verdad no tarda en revelarse y el velo que impide al rey ver la realidad que anida en el interior de las personas cae cuando éste es rechazado por sus dos hijas, y se halla, desposeído y harapiento, a merced de las inclemencias del tiempo fuera de la protección de las murallas de su castillo.

Aunque los cortesanos insistan en atribuir sus lamentos a un estado de locura, Lear jamás ha estado tan acertado en sus valoraciones y, una vez más, se relaciona la lucidez y la visión cristalina de aquella esencia que anida en el interior de las personas con la pérdida del poder y, más concretamente, de la pompa que éste conlleva.

En este clásico hay más alusiones a las consecuencias de disipar el espejismo que produce el poder como es el caso de Gloster, un noble al que, por ser leal al rey, dejan ciego y sólo entonces acierta a distinguir entre cuál de sus dos hijos le profesa un auténtico amor.


Diógenes. Jean-Léon Gérôme [1860]
De Diógenes de Sinope [412 a.e.c.- 323 a.e.c.] se dice que vivía en un tonel sin más pertenecias que su manto, un báculo y un cuenco que consideró innecesario y del que se desprendió al ver cómo un niño bebía agua directamente de sus propias manos.

Diógenes representa, entre otras muchas cosas, la visión descarnada ajena a toda posesión y a cualquier maquillaje con el que los símbolos disfrazan la realidad. De este modo le vemos caminando entre los hombres de Atenas, apartándolos y buscando con una linterna tan sólo a uno que fuera honesto. O respondiendole a Alejandro el Grande, en una dudosa ocasión en la que éste se ofreció a hacer algo por él, que lo que mejor podía hacer era apartarse porque le tapaba el sol y estaba haciéndole sombra.

He tenido la oportunidad de ver cómo algunas personas, que han dejado de ejercer cargos directivos, recobran lo que parecia una perdida consciencia de su entorno y una súbita sensibilidad hacia los detalles más cotidianos de la organización, en especial aquellos aspectos que hace que chirríe la relación entre los distintos estratos organizativos.

Esto me ha llevado a los diferentes casos que he expuesto en este post y a llegar a recrearme en la idea de que experimentar el lujo de la lucidez y de la consciencia que conlleva pisar el suelo que habitamos, bien merecería la pena para que, algún día, se diseñase un sistema mediante el cual algunos abandonaran, aunque fuera temporalmente, la esfera de poder en la que están inmersos y, de este modo, brindarles la oportunidad de acceder a la sencillez y visión que, en esencia, se requiere de un líder y que sólo se adquieren cuando esas cualidades son lo único que se puede perder.