Hace ahora más de 20 años, cuando atendía a pacientes protegiéndome con la capa de una ciencia en ciernes, recuerdo que, para mantenerme inexpresivo ante el dolor ajeno, jugaba con el pié con un cajón de mi mesa, el auténtico recurso para que no se me partiera el alma. Hoy mi actividad es muy distinta, pero una parte importante de mi trabajo como consultor es contener el problema de mi cliente. He tardado tiempo en darme cuenta de que asumir la búsqueda de la solución a una situación determinada, ya de por sí supone un tanto por ciento muy elevado del alivio de quien requiere de mi colaboración…un alivio que casi se puede tocar.
Siempre había pensado que eran las metodologías, las técnicas que conocía o el saber que tenía lo que contaba pero, hoy por hoy, sé que lo que ofrezco a aquellos con quien trabajo es, básicamente, el tiempo que no tienen para concentrase en determinados temas, la casuística [mi gran acervo] de la que dispongo y, sobre todo, el contener su demanda, sobre todo eso… liberarlos del monto de ansiedad relacionado con buscar la solución a un problema… eso me lo quedo yo.
No me quejo de ello ya que, me guste o no, he orientado mi vida a hacer eso, y aunque la cualidad de la ansiedad es muy distinta de aquella que respiraba en mis comienzos profesionales, a veces… muy pocas veces, trabajando con algunas organizaciones me veo expuesto a ese dolor de las personas que cada vez me cuesta más digerir y… echo tanto de menos aquel cajón…




