Pues me ha caído, así, sin esperarlo [aquí un guiño a Yoriento], un premio a mi esfuerzo personal en forma de meme de parte de mi ex-socio y en cambio amigo mkl de Los sueños de la razón, concretamente por: Comenzar en la blogosfera con fuerza moviéndose desde la heterodoxia más clásica (sí, es un oximoron posible) con vampiriadeprofundis, hasta la consultoría más rigurosa con cumClavis.blog. Y, fiel a la filosofía de los meme me dispongo a otorgar mis propios premios aunque, sinceramente, lo hago con la boca muy pequeña y con mucha humildad, pues me considero el menos indicado para premiar a los autor@s de los blogs que mencionaré, tod@s ell@s veteran@s y mentor@s en mi inicio, sea pues una muestra de mi reconocimiento.
Amb lletra de pal: Por exponer limpia, nítida y exquisitamente ideas duras y difíciles. Cuesta no cogerle cariño a Anna cuando la lees, así como un profundo respeto. Administraciones en red: Para mi un referente en la Administración y un ejemplo de trabajo desde el ámbito público, para que luego digan de l@s funcionari@s… No he parado de recomendarlo en cursos, asesoramientos y conversaciones con colegas y amigos. Los sueños de la razón: Quizás alguien piense que, como en Eurovisión, aquí unos se devuelven los premios… ¡Pues no! Creo que coincidimos en que este blog es un integrador imprescindible y que mkl actúa como una magnifica araña: tejiendo redes, atrapándonos en ellas y facilitando el midwicheo constante en una extensa gama de temáticas. Proyectos Personas Pasiones: Por su análisis incisivo y riguroso y por su coherencia con las ideas que expone. Leer a Odilas es sentir en la piel el significado de conocer, compartir y colaborar. Yoriento: Un blog de cabecera en lo que a orientación y asesoramiento personal se refiere. Con una seriedad y sencillez enriquecedoras. La soltura en sus comentarios es inigualable. A tod@s ellos va mi premio junto a mi más sincera gratitud y un fuerte aplauso
Pensando en la relación entre la forma de ser y la manera de llevar a cabo el rol de dirección, me he acordado de lo que apuntaba Manfred F.R. Kets de Vries, autor de un clásico del management que seguramente tod@s conocéis: La Organización Neurótica(en este país apareció por el 93).
Si recordáis, en este libro el autor afirma que:
- Bajo el maquillaje de la formación, técnicas y metodologías de dirección, dejémonos de puñetas, la personalidad de los directiv@s es lo que realmente determina la manera cómo se hacen las cosas y el diseño de la estructura organizativa.
- Esta personalidad tiende, lógicamente, a rodearse de colaboradores y a impulsar modelos de trabajo que estén en sintonía con ella. Si algo no encaja… se rechaza sin más.
- Esta personalidad a veces es conveniente y sintoniza con las necesidades de la organización en un momento dado.
- Pero, la dificultad para cambiar la manera de ser determina que, cuando se requiere otro estilo de dirección, la organización padezca y se resienta de la forma de ser del directiv@ en aquel momento.
El autor distingue cinco estilos fundamentales, y los denomina mediante una terminología peculiar, relacionando cada estilo con una manera de pensar que explicaría su forma de actuar:
Paranoide: No puedo fiarme de nadie. Hay algo indeterminado que me amenaza. He de estar alerta…
Compulsivo: No quiero depender de nadie, he de dominar y controlar todo aquello que me afecta…
Dramático: Quiero captar la atención e impresionar a la gente que me importa…-
Depresivo: Es inútil intentar cambiar el rumbo de mi vida, sencillamente no soy suficientemente buen@...-
Esquizoide: El mundo real no me ofrece ninguna satisfacción. Al final siempre fracaso o lo hago mal, lo mejor es ser distante...
Según parece, cada directi@ se acerca a alguno de los estilos descritos…
Entre los proyectos que he llevado entre manos y han acabado en el 2008, hay uno especialmente importante que es el del modelo profesional con el que he convivido doce años. Para ser sincero, no vivo este momento con el estado de ánimo que puede caracterizar un final sino con la ilusión que marcan los inicios. Y no es de finales y pasados en lo que me apetece pensar sino en el diseño e impulso del nuevo proyecto que acaba de empezar.
De todas maneras y fiel a mi trayectoria como trabajador del método, seguiré, a medias, uno de los muchos aprendizajes que he compartido con los compañeros y compañeras del equipo del que parto y es que el final de un proyecto lo determina la evaluación no tan sólo de sus resultados sino de su diseño y ejecución. Y digo a medias porque, estando hasta las narices de estar siempre evaluando, me limitaré a reflexionar sobre un par o tres de elementos que me llevo del recientemente acabado periplo profesional.
Uno de los aspectos que han influido de manera determinante en mi desarrollo y maduración profesional ha sido el de integrarme a un equipo caracterizado por orientar sus actuaciones según criterios de utilidad y rigurosidad para con el producto o servicio prestado. La experiencia de haber probado en carne propia todo aquello que posteriormente se ha exportado a otros entornos, el debate y contraste continuo de opiniones sobre las necesidades y expectativas de las organizaciones y la necesidad de que toda herramienta de gestión deba ser, en esencia, sencilla, palpable y útil, son elementos de los que estoy absolutamente convencido. Y ya sé que casi todo el mundo mundial se apunta a estas máximas…pero conozco excesivos casos en que, tan sólo eso… se apuntan. Es imposible empatizar con lo que es desconocido, no se puede asesorar a directivos sin la experiencia de la dirección, para elaborar planes se ha de planificar y los grandes aspectos que caracterizan ciertas culturas organizativas se han de haber vivido de cerca, por ejemplo, si hay que dar clases sobre gestión pública se ha de haber estado en la Administración…
Otro de los aspectos que me llevo es el de que, realmente, la conciencia profesional que tengo de mí mismo es la que me dan los clientes con los que colaboro. En este sentido quiero traer a un primer plano la importancia formativa y de desarrollo en esta relación. Gran parte de mi fortaleza actual viene diferida por la confianza que se deposita en mí.
Para finalizar, referirme a la importancia de no cazar solo, de compartir y de colaborar, vaya de midwichear. Esto no me preocupa de este nuevo periodo…os tengo a vosotros.
Seguro que muchos de vosotros conocéis, hace ya unos añitos, Las Crisálidas de John Wyndham. Ésta fue, al menos para mi, una de las mejores novelas de obligatoria lectura [incomprensiblemente] cuando iba a la escuela. Del mismo autor es El día de los Trífidos, obra a partir de la cual se rodó una película en Sitges y que sufrió el amigo mkl, ya que unas esporas de esas malditas plantas anidaron en sus cuidadas jardineras [estuvimos años observando su evolución entre arroz y arroz y, entre botella de Chivite y botella de Chivite…].
Bien como todavía [insisto] todavía, no estoy muy versado en eso del dospuntocerismo, traigo a colación algo de lo que sí domino un poco más: del mismo autor es una novela preciosa con el curioso título en castellano de Los Cuclillos de Midwich [The Midwich Cukoos; 1957].
Así, rápidamente, el argumento trata de un pueblo que queda totalmente sumergido en un sueño presumiblemente inducido por una potencia extraterrestre. El resultado es que al despertar todas las mujeres del pueblo están embarazadas. A los nueve meses nacen unos niños y una niñas [con una cierta retirada aria…todos rubitos, ojos azules, etc. ¡vaya!, los de la foto] que poseen una curiosa facultad y es que todos aprenden en conjunto y a la vez lo que cada uno va aprendiendo por separado. De este modo, en poco tiempo el desarrollo de cada uno es vertiginoso. Bien, los niños también tienen un poco de mal carácter, pero esto no viene a cuento aquí…
La novelita es del 57 y, en cambio, es excelente para reflexionar sobre temas muy al uso actualmente.
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