martes, 10 de abril de 2012

¿Quien enseña, qué se aprende?

Pongamos la música por ejemplo, nadie duda que para facilitar su aprendizaje se requiere de alguien que sepa del tema. Aún más, no se trata de que tan sólo “sepa música” sino de que, junto a una capacidad pedagógica determinada, esta persona debe ser, preferiblemente, un músico. Quizás, en ciertos estadios, es menos relevante que se trate de un músico profesional, pero es indudable que ha de tener una capacidad demostrada a través de la práctica musical. Aunque pueda existir algún caso, es poco probable que alguien enseñe a otra persona a tocar un violín, una flauta, la armónica o un tambor a partir de la lectura más o menos concienzuda de manuales y libros de texto sin haber sido, como mínimo, un entusiasta autodidacta que ha invertido un tiempo en la aplicación práctica de sus conocimientos teóricos al instrumento.

El contacto directo con la práctica musical es tan importante que incluso me atrevería a decir que los mejores profesores no se encuentran entre aquellas personas virtuosas que desplegaron un talento natural a lo largo de su formación, sino que los encontramos entre aquellos que tuvieron que aplicar verdaderos esfuerzos en resolver los problemas que sucesivamente se planteaban en su relación con el instrumento, ya que este trabajo les permite reconocer fácilmente e incluso anticiparse a estos mismos problemas en el desarrollo de las capacidades de sus alumnos.

En otros ámbitos sucede algo similar, a muchos de nosotros nos tranquiliza sobremanera que el médico o cirujano que nos trata tenga una experiencia cuanto más dilatada mejor, no tan sólo en la práctica de la medicina o de la cirugía sino en el tipo de intervención al que nos enfrentamos. De algún modo suponemos que esta experiencia conlleva una historia de aciertos [y errores] que influirá de manera determinante en aquellas decisiones que se deben tomar y que favorecerán la empatía con nuestra situación personal.

No cabe la menor duda de que hay disciplinas en las que su práctica o aprendizaje no se deja en manos de diletantes, ya que el impacto que este hecho tiene en las consecuencias de su puesta en escena es crudamente revelador de la autoridad que los implicados tienen en la materia a la que se dedican.

Es evidente que no sucede lo mismo en ámbitos como el de la consultoría [sobre todo en temas de organización, innovación o gestión del cambio], el asesoramiento y la formación a directivos donde puede llegar a delegarse esta práctica a todo tipo de profesionales con más o menos currículo pero, lo que es más importante, muchos de ellos sin ninguna práctica directa en la materia en la que supuestamente orientan, asesoran o forman.

Y así como hay incluso escuelas que son capaces de defender la total ignorancia del consultor en el ámbito en el que se desenvuelve su cliente para, de este modo, cauterizar desde su raíz la tendencia a imponer soluciones propias a problemas ajenos, me pregunto de qué manera influye esta falta de experiencia en la capacidad para distinguir aquellas variables que suelen permanecen en el silencio, que son determinantes en el problema y que permiten dimensionar la realidad poliédrica de muchas experiencias que sólo evidencian unas pocas de sus múltiples caras.

En el campo de la formación sucede algo similar, me pregunto hasta qué punto el “saber” llega a substituir al “saber hacer” en el desarrollo de competencias que exigen hacer frente a realidades cuya complejidad no puede recogerse en un ensayo o en un libro de texto y que requieren, tanto del docente como del alumno, de una vivencia, si no íntima, al menos muy cercana y repetida de estas prácticas, de tal manera que permita no tan sólo reconocer aquellas variables que influyen en ellas sino también conocer las claves, riesgos y consecuencias de las actuaciones que decidan llevarse a cabo.

En definitiva, me pregunto, en función de quien enseña, qué se aprende realmente. Y las posibles respuestas me llevan a concluir que, en muchos casos, hay demasiada prisa en enseñar como para tomarse el tiempo necesario en aprender.

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En la fotografía una obra de René Magritte


12 comentarios:

  1. Joseph Jacotot enseño música y pintura sin siquiera saber sobre el tema: Recomiendo la lectura de El Maestro Ignorante de Jacques Ranciere http://kcy.me/1rz3 sobre el método de Jacotot de enseñar lo que se ignora. Creo que a esto alude tu post.
    Muchos saludos
    Andres

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    1. Me consta Andrés de métodos distintos al expositivo o demostrativo clásicos, centrados en el descubrimiento por parte del alumno y la existencia de pedagogos cuya “maestría” consiste en ser expertos en “centrar el papel del docente en mantener la atención del alumno” para, de este modo, potenciar el autoaprendizaje. También se de la existencia de “maestros” expertos en disponer aquellas premisas necesarias y formular las preguntas precisas para que el aprendiz desarrolle sus propias respuestas y que éstas constituyan su fuente de aprendizaje así como "las puertas de su percepción" del mundo. Incluso me consta que de entre las legiones de coachers que existen actualmente [y que se multiplican exponencial y dramáticamente] hay quien sabe formular aquella pregunta capaz de disparar mecanismos y despertar posibilidades.

      Pero, sinceramente, salvo casos realmente excepcionales, no creo que tras la pancarta ideológica y metodológica de de Joseph Jacotot puedan acogerse aquellos formadores que se encuentran en el campo de la “formación en gestión” a los que me refiero en este post. Los cuales suelen utilizar métodos clásicos con objetivos clásicos e impartidos de manera más o menos simpática. Ya me gustaría a mi que las expectativas respecto a la forma y los tiempos que se dan las Organizaciones y los profesionales para desarrollar, por medio de la formación, capacidades complejas se ajustase a los mínimos necesarios como para el desarrollo “natural” de capacidades a través del autoaprendizaje.

      Como nos muestra la realidad más popular y como músico sé que un instrumento se puede llegar a dominar sólo. También me consta que, en la práctica se hace por modelamiento y con algún que otro consejo de alguien que “sabe más”. Creo que Jacotot nos muestra la importancia de centrarse en que “se aprenda” y no tanto en que “se enseñe”. Personalmente no creo que nadie pueda “enseñar lo que no sabe” y este es el sentido de este post.

      Muchas gracias por la valiosa aportación, me ha encantado verte por aquí, Ya ves que tu comentario ha sido estimulante :)

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  2. Hablando de enseñar música, la peli de "Los chicos del coro" es bastante interesante, una persona entusiasta puede sacar lo que hay en tu interior, incluso aunque no estés muy dispuesto .... creo que en eso consiste "enseñar" ....

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    1. Es una buena imagen, Juana, de la capacidad necesaria de montar un buen andamiaje para que el alumno "quiera" y "pueda" construir su conocimiento. Tod@s hemos tenido, de entre todos los docentes, profesores y formadores de nuestra vida, a alguien así y también es cierto que nos solemos acordar por su excepcionalidad...

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  3. En una reunión no formal, nos pusimos a describir en una servilleta de papel, las características de los profesores excepcionales, y nos salió esto:
    .- Sin excepción, los buenos profesores conocen su materia extremadamente bien. Utilizan su conocimiento para ir al fondo de los asuntos,a los principios fundamentales y a los conceptos básicos son capaces de simplificar lo complejo de manera que motivan al aprendizaje.
    .- Dan gran importancia a su labor docente tanto como a su investigación.
    .- Al programar sus acciones se plantean los objetivos del aprendizaje.
    .- Son exigentes con sus alumnos, esperan mucho de ellos.
    .- Evalúan el resultado de su tarea y saben rectificar cuando es necesario.

    En fin, un punto de vista antagónico al comentado por Andrés...

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    1. Al margen del atractivo ideológico y metodológico de propuestas pedagógicas como las que nos trae Andrés y que ponen el dedo en la llaga al exceso de paternalismo y desconfianza en el ser humano que suelen esconder las metodologías más clásicas, coincido en todos vuestros puntos . Además, con lo poco que conozco de vosotr@s, me consta que estos puntos están destilados en la experiencia.

      El antagonismo al que te refieres lo veo básicamente en el primer punto y pienso que es porque, en la mayoría de nuestros casos, a la formación se le exige el resumir el tiempo de aprendizaje necesario de darse éste de manera natural. De ahí que se suela apostar por el maestro experto que “transfiere” para así evitar que la rueda se “reinvente” continuamente.

      La referencia al facilitador de autoaprendizajes que nos trae Andrés también es muy interesante, lo que no quita que el alumno, por su propio pie y aún guiado por su propio programa, no busque “maestros” que [siguiendo con el ejemplo de la música] modelen "la postura del hombro para evitar contracciones al pasar el arco" o de los que "imitar" aquel “vibrato” que tanto les gusta, ahí voy yo…

      Gracias por la aportación, Paulino. Un abrazo!

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  4. Leído el post, los comentarios y los enlaces relacionados, diría que la conversación está en un punto altamente interesante que cada vez sale más a la luz y es cómo han de conjugarse los verbos enseñar y aprender, algo que expresabas de forma magnífica en otra conversación reciente.

    Creo que las explicaciones absolutas no son buenas ya que lo que se afirma con excluyente rotundidad cae en las mismas paranoias que aquello que pretende combatir. Como bien dices, no es necesario reinventar constantemente la rueda, aunque la capacidad exista. Pero también es cierto que el sistema educativo que nos embarga penaliza el cuestionar e investigar y ahí es donde encuentro la parte positiva de las teorías que señala Andrés.

    Paulino aporta los factores de quienes adoran su trabajo y su profesión (cosas bien distintas) pero también sabemos que eso es menos habitual de lo que nos gustaría. Hay quien se conforma con saber algunas cosas (incluso muchas) y es capaz de concentrarse en repetirlas sin salir de su atalaya. Y eso, ahora que tenemos tanto por aprender, no es bueno. Sin duda, yo también me apunto al médico con experiencia y que, además, es capaz de seguir aprendiendo sobre las nuevas necesidades que se van dibujando. Y si encima es capaz de compartir sus conocimientos y su propio aprendizaje, es un ejemplo de excelencia.

    Con tu permiso Manel, enlazo también un pequeño discurso de Federico Lupi a sus alumnos (futuros maestros) de la película “Lugares comunes” que ya nos sirvió para conversar en otra ocasión.

    Un abrazo!

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    1. Una buena síntesis del punto de vista de las diferentes aportaciones trazando la línea media en la que debe discurrir el discurso educativo [misión y método] que nos muestra Federico Lupi en el discurso a futuros maestros que nos ofreces. Aprovecho, con tu comentario, para subrayar el núcleo del post y observar que si el personaje que interpreta Lupi puede dar esa charla/consejo/directriz con tanta autoridad es porque sin duda se trata de alguien que “sabe de lo que habla” [en ese caso de educación] y que tiene una autoridad reconocida para indicar los principios y metodologías que sirven a los propósitos de los profesionales ahí reunidos. Este personaje que, presumiblemente, es además un experto metodólogo del aprendizaje seguramente está en función de escoger la mejor metodología [la exposición, la demostración, la interrogación o el descubrimiento] para despertar en sus alumnos el concepto objeto de su aprendizaje. Coincido en que paralelamente al saber se debe desarrollar el saber discernir, adaptar y relativizar entre todo aquello que se nos ofrece, tan sólo me sigo preguntando si en “management”, realmente “quienes están enseñando” actualmente tienen los conocimientos y la experiencia necesarios [no tan sólo sobre el tema sino que, a partir del comentario de Andrés, sobre las metodologías] para aplicarlo. Ante esto sé que sí, que hay profesionales expertos que se preocupan por hacerlo, pero también sé por experiencia que estos factores [experiencia y metodología] no suelen encontrarse entre aquellos que se tienen en cuenta a la hora de contratar acciones de formación en gestión [más atentas a cuestiones como “la marca” del docente], de ahí la calidad y la utilidad que se desprende de muchas de ellas.

      Muchas gracias Isabel por detenerte un momento y complementar el post con tu comentario y estos materiales tan interesantes. Un abrazo

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  5. Y en las universidades... Y en las escuelas de negocio... La cuestión es qué se enseña, porque la teoría es fácil. Otra cosa ya es la práctica. Y es que aún hay muchos que distinguen entre lo uno y lo otro.

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    1. Coincido absolutamente con lo que dices Anna. Es la idea del post. Las necesidades [y ambiciones] de la academia han impuesto un modelo determinado [de contenidos y metodológico] en ámbitos de formación donde se requiere un enfoque distinto, desde la práctica. Y a este modelo ya de por sí incompleto, se le han adherido, con pasmosa facilidad, no pocos diletantes que han contribuido a la desconfianza que actualmente existe respecto a estos servicios y a los profesionales que los ofrecen.

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  6. Considero fundamental el conocimiento. De puertas hacia fuera, nos concede la autoridad para lograr la confianza necesaria para que se nos escuche, cuando menos. Hacia dentro, nos llena de la seguridad sin la cual no seríamos capaces de soñar diferentes formas de transmitir ese conocimiento a los demás.
    Considero importante profundizar en la materia como vía para encontrar caminos, más caminos, otros caminos hacia ese conocimiento.
    Imprescindible la experiencia, las vivencias, equivocarse y volver a errar, acertar, ajustar, cuestionar, revivir, ...
    Me parece inútil todo ésto si no hemos generado antes una curiosidad, una inquietud, una necesidad, un deseo, una voluntad de aprender.
    En mi opinión, este es el magma en el que seremos capaces de provocar el aprendizaje. Necesitará tiempo, como dices, pero acabará consolidándose y permanecerá.
    Un placer ir un ratito al cine contigo, Isabel. Gracias por la aportación.
    Un placer, también, venir por aquí a seguir aprendiendo.

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    1. ...un placer seguir el hilo de tu razonamiento, el orden con el que expones tus ideas...

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