miércoles, 22 de mayo de 2013

59’

Tanto si son de formación como si se trata de consultoría, suelo añadir a mis wikis una página con información documental directa o indirectamente relacionada con el tema del proyecto en el que colaboro.

Allí va a parar documentación diversa, fundamentalmente enlaces a blogs, pero sobre todo, vídeos de una duración que no suele exceder la de los 20’ y que sirven para transferir, en poco tiempo y de manera amena, algunos conceptos que de otro modo suelen parecer complejos. También son muy útiles como aliciente para visitar la wiki fuera de horas y para estimular fórmulas de autoaprendizaje más asequibles a los tiempos de los que en realidad se dispone.

Así pués, estas navidades pasadas decidí poner orden a toda esta diaspora de vídeos, unificándolos en una misma wiki a la que pudiera acudir en caso de necesidad sin tener que buscarlos entre los diferentes proyectos. Ordenando el material pensé que sería un buen regalo de navidad para aquellas personas con las que colaboro y, como una cosa lleva a la otra, también pensé que podía ser útil para aquellos colegas con los que me relaciono o, puestos, una aportación de valor para cualquier persona que se acerque a este espacio. De este modo nació [visioClavis], un espacio al que estáis invitados desde este mismo momento.

Pero el motivo de este post no era tanto presentar este espacio documental como sugerir una posible utilización que seguramente para muchos no resultará original pero que, aún así, es bueno contemplar en el marco de aquellas acciones sencillas y útiles para la gestión del conocimiento en el seno de una organización o de un equipo de trabajo.

Se trata de organizar una serie de sesiones para la transferencia e intercambio de ideas y conocimiento, de caracter periódico, pongamos de una frecuencia mensual. La finalidad de estas sesiones puede girar en torno a la reflexión sobre algun valor, determinada competencia profesional, aspectos de carácter ético, inquietudes u otros temas que se desprenden de la filosofía o del ambiente corporativo y que inciden directamente en los equipos o en las personas, en su bienestar y, consecuentemente, en su productividad.

Dada la poca importancia que algunas organizaciones conceden a la reflexión, al contraste de ideas o al debate en torno a aspectos de carácter corporativo que no reviertan directamente en el lucro organizativo o en el aumento de la productividad de las personas, una propuesta es que a esas sesiones se las llame 59’ por aquello de poder afirmar que “no es cuestión de tiempo, ya que no duran ni una hora”.

El tamaño del grupo puede ser el que sea pero, personalmente, prefiero que no excedan las 20 personas para poder abrir una conversación mínimamente cómoda entre los participantes.


Mètodo:

Antes de abrir el debate sobre el tema en cuestión y después de una pequeña introducción, se da paso a la visualización de un video que esté lógicamente relacionado con el tema de la sesión. La relación de un vídeo con el tema de debate no ha de ser necesariamente directa, incluso es aconsejable alejarse de atmosferas comunes para abrirse a nuevas sensaciones y posibilidades más refrescantes. Por ejemplo, el video de “El Equipo Pequeño” puede ser utilizado para trabajar temas relacionados con la competitividad, el respeto o el trabajo en equipo. El formato corto de este vídeo [9:29 minutos] y su carácter entrañable son idóneos para mantener la atención, abrir ventanas a la realidad y relajar el ánimo en un contexto de trabajo.

Desviar la atención de la organización o del equipo y dirigirla hacia un objeto externo permite abstraerse de la propia situación e identificar rasgos y atributos deseables y posibles en escenarios ajenos, ahí radica la principal utilidad del visionado. Es por esto que, como única consigna, se le pide a los participantes que anoten aquellas cosas que “le gusten o que crea que son relevantes del visionado”.

Para abrir boca y sacar al grupo del letargo, una vez visto el vídeo puede darse paso a un breve intercambio de sensaciones en torno a lo que se acaba de ver e, inmediatamente después, articular un brainstorming dirigido a recoger aquellas cosas que han gustado sobre el visionado.

A partir de aquí y a la vista de la lista de atributos, detalles, ideas, etc, que se han ido recogiendo en el brainstorming, el debate está servido, ya sea identificando aquellos aspectos críticos que requieran de especial atención o subrayando aquellos atributos que sea necesario incorporar para nuestra propia organización o equipo.

Es importante acabar la sesión sin sobrepasar el tiempo estimado y, sobre todo, con un puñado de conclusiones [una definición, ideas de mejora, propuestas de continuidad, etc.] útiles para las personas, para el equipo y para la organización.

El método es muy sencillo y los beneficios de una práctica de este tipo por lo que supone de intercambio de impresiones, unificación de criterios, aprendizaje y, en definitiva, salud organizativa, exceden el coste de los 59’ invertidos.


domingo, 12 de mayo de 2013

Percepciones

Este cuadro lleva por título “The Singing Butler”. Se trata de una pintura al óleo realizada por el polémico pintor escocés, Jack Vettriano en 1992.

En la imagen, una pareja baila sobre la arena mojada de una playa del Este de Escocia. El horizonte, el cielo gris, y el viento sugieren que se aproxima una tormenta.

Al encanto del baile, de lo que parecen unos aristócratas, se añade cierta tensión debido, en gran parte, a la resignada presencia de una doncella y de un mayordomo que sostienen sendos paraguas para proteger a la glamurosa pareja del clima amenazador que se cierne sobre la escena. El título del cuadro sugiere que posiblemente el mayordomo esté cantando para que la dama y el caballero puedan bailar.

La elegancia, ligereza y veleidad de los bailarines contrasta escandalosamente con la paciente estoicidad de los criados, visiblemente incómodos y fuera de lugar en sus uniformes. El conjunto se mantiene en un precario equilibrio en el que los paraguas no parecen poder ofrecer, por mucho tiempo más, refugio a la amenaza que se cierne sobre la pareja que evoluciona frívolamente sobre la arena, ajena a todo aquello que no esté alineado con su extravagante antojo.

Utilizo esta pintura para ilustrar las diferentes aproximaciones al clima laboral de una organización. La manera en que refleja la diversidad de percepciones, vivencias, actitudes y roles adoptados por diferentes estratos sociales ante unas mismas variables resulta de una elocuencia didáctica insuperable a la hora de abordar de manera gráfica y vivencial este tipo de conceptos.


domingo, 5 de mayo de 2013

Del mindfulness o sobre tomar apuntes


Supongo que a estas alturas ya no es una novedad afirmar que, en la mayoría de los casos y a una determinada edad, el aprendizaje no consiste en aquello que sólo se incorpora o se fija en la memoria, sino en aquello que se asimila y se transforma a partir de lo que se conoce previamente. De hecho es muy probable que, nos guste o no y preténdase lo que se pretenda, no pueda ser de otra manera ya que somos tan dueños de los procesos mentales como lo somos de los digestivos y poca cosa más se halla bajo nuestro control que decidir aquello que nos metemos dentro.

Ésta debiera ser la principal razón por la que determinados modelos formativos optan por ingeniosas metodologías didácticas, que se postulan como alternativas a la clásica exposición y que, en algunos casos, han demostrado ser mucho más efectivas cuando se trata de remover el limo de aquel conocimiento depositado en cada persona y, a partir del cual, debe extraerse el fango con el que cada uno debe modelar los nuevos aprendizajes.

Aún así, es inevitable que, ante la más hipnótica exposición, aquellas personas que atienden, filtren cada una de las ideas a través del cedazo de su propia representación del universo y lo transformen en algo muy propio, particular y distinto de lo que dice el ponente, aunque sólo sea porque las imágenes que se despiertan son las que tiene cada uno y seguramente nada tienen que ver con aquellas que evoca la imaginación de quien está impartiendo.

En algún momento en el que, exponiendo, he visto a alguien tomando apuntes, no he podido dejar de preguntarme qué debía estar apuntando y el grado de relación de lo que esta persona está escuchando con lo que pretendo transmitir. También me he cuestionado sobre la utilidad de este tipo de anotaciones en un caso, como es el del mío, donde para la formación que imparto no hay exámenes ni motivos similares que lleven a revisar unos apuntes que, a pesar de las mejores intenciones, seguro que terminarán, en un primer momento, en cualquier estantería entre la documentación debidamente archivada del curso o del máster en cuestión y, en una segunda fase, en el proceso de reciclaje del papel.

De la misma manera que en el cine hay películas que parecen proyectarse en el interior del espectador debido a las reflexión a la que inducen, en escenarios de aprendizaje, el enfoque y el tempo de la formación debiera ser aquél que permita al alumno estar atento y recrearse en aquellas resonancias que los inputs formativos estimulan en su propio pensamiento. El formador debe orientar la dinámica formativa para desviar la atención de él mismo y proyectarla hacia las ideas que eclosionan y se revelan en aquel momento en el propio alumno para que éste pueda tomar consciencia de su propio aprendizaje [mindfulness].

En los diferentes escenarios formativos, ya sea en cursos, charlas o conferencias, debiera estimularse a los asistentes a que anotasen, no tanto las frases o citas textuales de los ponentes como aquellas ideas que despiertan en ellos. Invitar a escribirlo no es otra cosa que disponer el alambique necesario a través del cual canalizar el vapor de las ideas para convertirlo en un destilado de conocimiento y evitar que se desvanezca o se confunda entre todo aquello que se piensa y carece de orden o propósito.

Si además se abren momentos o se procuran mecanismos para compartirlo de manera abierta, como puede ser, por ejemplo, un blog en el que los participantes deban desarrollar una breve reflexión en torno a algo de lo que se ha tratado en la sesión, se dispondrá de una poderosa herramienta para gestionar y aprovechar, en beneficio de todos, gran parte del conocimiento que se genera en el aula y que, de otra manera, suele permanecer átono para el grupo y anónimo para la propia persona, una de las condiciones por las que suele diluirse entre los rastros de todo aquello que acontece y acaba olvidándose.

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Fotografía de [cumClavis]

lunes, 29 de abril de 2013

CASG

CASG son las siglas del Consorci d’Acció Social de la Garrotxa y que para mí ya funcionan como un acrónimo que me permite reunir en una misma palabra y evocar de inmediato la fuerza y la coherencia en el hacer, con los más altos valores profesionales y humanos.

A modo de anécdota, fue en esta organización, hace ya siete años, donde recibí por primera vez el impacto de la palabra “resiliencia” que ellos ya habían asumido como un valor y del cual informaban mediante un cartel que colgaba en aquella sala donde aguardaba a la espera de que empezase la primera reunión de trabajo. Recuerdo como si fuera ahora cómo me impresionó el concepto hasta el punto de anotarlo rápidamente en mi libreta para investigar su significado al llegar a casa. En aquel momento poco podía llegar a imaginarme el vuelo que cogería esta palabra que han puesto tan de moda estos tiempos que corren hasta el punto de estar en boca de todos y en entornos de lo más dispares.

Pero, con la perspectiva de los años, interpreto este detalle como una señal, ya que el CASG es, bajo mi punto de vista, un ejemplo de aquellas organizaciones precursoras que con movimientos ágiles y discretos, pero directos y seguros, abren vías sencillas capaces de generar dinámicas inspiradoras en su ámbito de relación. Actualmente sostengo que el CASG reúne los requisitos suficientes [inspiración, ilusión, autenticidad, fuerza y convicción] como para contribuir activamente y liderar iniciativas vanguardistas y de crecimiento en su sector, mucho más allá de las fronteras naturales en las que desarrolla su actividad.

Como es de suponer, con el CASG siempre he colaborado desde la consultoría, en proyectos relacionados con su desarrollo organizativo y, consecuentemente, con la gestión del cambio. Éste ha sido un proceso continuo debido a que en su naturaleza no está tanto perseguir una determinada meta como el de transitar un camino del que además se espera que sea largo, por aquello de abrigar el máximo de oportunidades de atravesar distintos parajes, descubrir nuevos lugares que inviten a innovar en la manera de hacer y, sobre todo, que estimulen a seguir transitando. Debe ser por esa dinámica ininterrumpida que no puedo evitar que me resulte perennemente joven y un claro exponente de lo que para mí es una organización que se halla instalada en ese beta permanente del que tanto hablamos y que permite responder a cada momento, dando muestras de reconocer los detalles que caracterizan ese momento preciso al que se está respondiendo.

También creo que no es anecdótico que fuera en el marco de esta colaboración donde paralelamente me planteara, hace ya cinco años, mi actual proyecto profesional y, consecuentemente, mi propia renovación personal ya que, de alguna manera, es en el crisol de este tipo de relaciones donde se funden aquellas ideas e ilusiones que inspiran aleaciones de revisión y cambio. Ya se sabe que la pasión se contagia y uno desconoce si es el artífice del brillo de los ojos que le miran o es este brillo el que nos ilumina y el verdadero detonante del entusiasmo que nos mueve. Al final, se llega a la conclusión de que ciertas relaciones son verdaderos vórtices que le absorben a uno y en el que no cabe distinguir un antes ni un después.

Mi colaboración con el CASG se ha vehiculizado a lo largo de una larga conversación salpicada de diferentes proyectos que van desde dar soporte a la definición del modelo de dirección hasta la formulación de la proyección estratégica de la Organización, pasando por asesoramientos varios en materia de desarrollo, comunicación o relacionados con la búsqueda constante de aquella articulación organizativa que genere los máximos índices de relación, conversación y colaboración capaces de conducir a una oferta de servicios a la altura de las necesidades, expectativas y potencialidades del entorno en el que se desenvuelven.

Recientemente he tenido la oportunidad de colaborar en dos proyectos, uno relacionado con la estructuración de un sistema de análisis y mejora continua del trabajo en equipo del Área de Acción a la Comunidad y otro relacionado con integrar la percepción del usuario en la valoración de la calidad de los servicios prestados en el ámbito de la Atención Básica. En ambos proyectos hemos experimentado, con metodologías muy sencillas de diseño artesanal, algunas comentadas en este blog, y que han generado más resultados de los esperados a partir de las expectativas de partida.

Pero lejos de querer centrarme en la artesanía o en la genialidad de las aproximaciones metodológicas, lo que me ha motivado a escribir este post y donde quiero poner el énfasis del posible éxito de este tipo de proyectos es en los dos únicos factores capaces de convertir en princesa a la más cenicienta de las aproximaciones metodológicas.

Uno es la existencia de un liderazgo seguro y maduro que proyecta abierta y sinceramente su confianza en las personas y en los equipos involucrados respecto a la utilidad de cualquiera de los resultados posibles que se puedan alcanzar en un proyecto. Es impresionante el impulso, el compromiso y, en general, la calidad que adquiere un proyecto cuando el acostumbrado control sobre los recursos y las personas que se suele ejercer desde la dirección se transforma en una supervisión atenta a cubrir aquellas necesidades, básicamente de información, conversación y tiempo, que suelen generarse al margen del diseño inicial.

El otro factor está en los equipos y en la capacidad de las personas de abstraerse de sus roles y funciones habituales para concentrase en un diálogo constructivo y abierto con el preciado respeto que conlleva hacia las personas que participan. Y es ahí donde me doy cuenta de que es en la interacción con este tipo de equipos cuando realmente emerge lo mejor de mí y también advierto que lo que de verdad aporta madurez a mi oficio no es más que la libertad que me concedo para dejarme mecer, junto a estas personas, en esa ola constructiva que generamos y donde siento convertirme en una pieza más del conjunto, accionándome, desarrollándome y evolucionando junto a ellas.

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En la fotografía, el equipo que está llevando a cabo el proyecto de integración de la percepción del usuario en la valoración de la calidad de los servicios prestados en el Ámbito de Atención Básica.

Otros post en los que directa o indirectamente me he referido al Consorci d’Acció Social de la Garrotxa:

> Dos años de colaboración con la Garrotxa.
> Tiempo.
> Gracias por hacerme participar.
> Bases para una comunicación interna.
> Una aplicación de Dickens a la empatía.

sábado, 27 de abril de 2013

Ser y estar

En todos aquellos oficios en los que aportamos valor a partir de la gestión que hacemos del propio conocimiento, puede decirse que existen tantos enfoques como personas se dedican a ellos.

Uno podría imaginarse que la mirada de la profesión vendría a ser como la que proyectaría el ojo compuesto de un insecto, donde una multitud de lentes dan cuenta de una misma realidad desde la infinidad de ángulos distintos que impactan sobre ella. En otros momentos y para referirme a la importancia de la diversidad y riqueza de la fragmentación de enfoques, he utilizado la metáfora del poliedro como símbolo de la variedad de perspectivas que convergen en una misma práctica y para evitar confundir la búsqueda de la verdad con simplificar su complejidad y abordarla desde una única óptica, algo que no pretenden ni las denominadas ciencias puras.

El hecho de que cada persona sea consciente y responsable de la refracción que su enfoque proyecta sobre aquello que hace ya es un tema distinto y me atrevería a decir que tiene que ver más con la consciencia de uno mismo y con el valor que se otorga a “lo propio”. De este modo, no es extraño reconocer a quien se mantiene “a un lado” mientras se remite continuamente al pensamiento heredado, actúa como el vehículo del conocimiento acuñado por otros y no pretende más que replicar aquella manera de proceder considerada como válida y reconocida en su entorno de influencia. Pero no es éste un tema interesante ni que me apetezca desarrollar ahora y aquí.

Lo que sostengo es que, con más o menos consciencia de ello, cada uno proyecta su propio enfoque respecto a lo que dice, al porqué lo dice y a lo que hace. En nosotros anida siempre quienes hemos sido y, por ello, cada enfoque está determinado por multitud de variables, a cual más relevante, entre las que se hallan -¿cómo no?- la formación que se ha recibido, tanto los contenidos impuestos como los modelos educativos con los que se ha coincidido así como su traducción por parte de aquellos maestros y profesores con los que nos hemos cruzado, las orientaciones recibidas, los intereses que se han despertado y aquellas curiosidades en las que nos hemos entretenido.

En la percepción que se tiene del mundo intervienen, por aceptación o por rechazo, aquellas personas que han ejercido alguna influencia, las admiraciones que se han proyectado y todas aquellas vivencias que se han experimentado, y aquí hay que dar cabida a los encuentros, desencuentros, deseos, frustraciones, satisfacciones y también a las conclusiones que se han destilado de todo ello y que inevitablemente se reflejan en un corpus personal de valores que configuran esa manera singular de ser y de hacer que no es otra que la que se refleja en el espejo cada mañana y con la que interpretamos el mundo, tomamos cada una de nuestras decisiones y aconsejamos a otros.

Es incompleto y falso pensar que lo que ofrecemos está determinado, tan sólo, por una formación académica y técnica adobada por la experiencia profesional que suele reflejarse en un currículum vitae convencional. Nadie ha podido evitar, en algún momento de su vida profesional o personal adulta, experimentar la sensación de estar poniendo la misma expresión de alguno de sus progenitores, como si un sinfín de señales provenientes de cada uno de los músculos de la cara imprimiesen ese rostro en nuestro cerebro e insistieran en que es exactamente igual al que estamos poniendo en aquel preciso momento mientras estamos hablando, asesorando o lo que sea que hagamos en nuestro trabajo.

Ahora bien, caminar no supone considerar o tener consciencia de lo que se ha andado, por donde se ha pasado o de lo que se ha aprendido, perdido o ganado, de la misma manera que hay muchas personas que no tienen en cuenta o no valoran la importancia que tiene todo lo transitado en el hecho de encontrase en el punto del que se parte.

En consultoría y, como decía al principio de este post, en todos aquellos oficios en los que se ofrece un servicio a partir de la gestión que se hace del propio conocimiento, cada cual tiene la opción de amasar, tornear y moldear las variables que determinan su propio enfoque hasta el punto de ponerlas en valor y enriquecer su actuación profesional. Una opción que además supone derribar las parcelas entre el yo profesional y el yo personal, entre el antes y el ahora, lo que hago y debería hacer y que, en definitiva, conlleva poder ser siempre uno mismo tal cual es, allí donde se esté.