sábado, 26 de marzo de 2016

El conocimiento NO se jubila

Le he tomado prestado el título a un equipo de trabajo del Ayuntamiento de Barcelona. Este equipo se conjuró para elaborar un sistema mediante el cual capturar algo del conocimiento tácito que se perderá en esa gran ola de jubilaciones que se acerca vertiginosamente y arrasará nuestras administraciones públicas, en los próximos años.

He tomado sólo el título prestado ya que no voy a dedicar este artículo a describir ni a profundizar en esas iniciativas para la gestión del conocimiento sino que quiero centrarme en las sensaciones y la reflexión que me produjo una experiencia reciente relacionada con esa captura del conocimiento experto.

Isabel Iglesias y Iago González me han dado la gran oportunidad de colaborar con ellos en De Mudanza, un proyecto muy complejo que gira entorno a la gestión del conocimiento de una ciudad a partir de los recuerdos de personas que la habitan. Se trata de un proyecto amplio y vivo ya que trabajar con Isabel y Iago viene a ser como excavar en una mina en la que nuevas vetas llevan a abrir nuevas e insospechadas galerías que conducen a estimulantes reflexiones llenas de posibilidades que muy probablemente se sigan.

El proyecto está compuesto de diferentes piezas en las que la Empresa Municipal de Aguas de La Coruña [EMALCSA] juega un papel importante. Algo, por otra parte, natural y perfectamente previsible, habida cuenta de la importancia del agua como eje vital en torno al cual se congrega la vida y se genera el tejido socioeconómico que da lugar a las ciudades.

En este contexto, EMALCSA está apostando por poner en valor la memoria que las personas tienen de la organización, concretamente lo que busca es rescatar aquel conocimiento producto de la condensación de recuerdos, sentimientos y valoraciones que se han formado los trabajadores de la empresa desde la óptica particular del puesto que ocupan o han ocupado en ella.

Una idea muy original y valiente que abre a un mar de posibilidades ya sea para la gobernanza y el aprendizaje organizativo como para reflexionar sobre la cultura de la empresa o reconocer el papel que las personas juegan en ella. Algo tan potente como comúnmente ninguneado a la hora de generar o reparar los vínculos y la implicación en las organizaciones.


En el marco de este proyecto se convocó un encuentro con algunos de sus antiguos trabajadores, concretamente nueve personas que ocuparon diferentes puestos de responsabilidad a lo largo de toda una vida diluida y trabada con la organización.

El escenario escogido fue la estación de Cañás que la empresa tiene en Carral, un lugar en el que habitan los recuerdos, vivencias y cuidados de todas aquellas personas que han pasado por ahí, el lugar de fondeo perfecto para el anclaje de la memoria que se quería evocar.

El propósito de la reunión era hilvanar historias en torno a tres cuestiones:

  • Cómo se aprendía a realizar el trabajo, de qué manera se transmitía el conocimiento, cómo transfirieron sus responsabilidades [CONOCIMIENTO]
  • De qué forma se incorporaban nuevas maneras de hacer, cómo se afrontaban los imprevistos, como convivía la innovación tecnológica con las inercias tradicionales [INNOVACIÓN]
  • Qué aspectos les hacían sentir orgullosos y satisfechos con su trabajo, cuáles eran las claves del éxito en el funcionamiento de la organización [CULTURA CORPORATIVA, LIDERAZGO, RELACIÓN]

Durante más de dos horas se fueron sucediendo anécdotas, valoraciones y amistosos debates, un coloquio que fue cuidadosamente registrado y donde cada palabra, gesto, mirada, espacio, objetos y “Ma” [atención a este concepto] está siendo, ahora mismo, integrado en una melodía audiovisual, un documental, que sea capaz de transmitir no tan sólo la palabra en el contexto en el que se ha dicho sino también de estimular la empatía suficiente como para aprender de él, tal y como sucede con las historias cuando éstas están bien explicadas.

Apuntaba al principio que mi propósito en este artículo es recoger y compartir una serie de impresiones y reflexiones a modo de notas sobre esta experiencia.


Los modelos de aprendizaje y desarrollo profesional a los que tendemos actualmente son justamente los que hemos abandonado de un pasado no tan lejano. Como sospechábamos, la formación académica conduce a la línea de salida, una vez ahí el aprendizaje en el puesto de trabajo, el modelamiento guiado maestro-aprendiz y el asesoramiento puntual entre iguales es la tónica universal para aprender a conducirse en el oficio.

La recomendación es clara, son imprescindibles los espacios de intersección que permite observarse, conocerse, ubicarse en el sistema, confiar y conectar cuando es necesario hacerlo. Este factor fue uno de los más destacados, el que provocaba más gratos recuerdos y la clave del aprendizaje, la coordinación, el trabajo en equipo y la solución de problemas. Incluso graciosamente se echaron de menos durante una época los cursos de formación no tanto por sus contenidos como porque facilitaban este encuentro entre profesionales que los diseños organizativos al uso normalmente impiden.

La buena dirección tiene algo del agricultor: caminar entre los cultivos con especial atención a no pisar los brotes, una consciencia clara de que la tierra hace la mayor parte y de que, por lo tanto, de lo que se trata es que pueda hacerlo. Se echa de menos este contacto con la Naturaleza, este entender de qué va la cosa en los modelos de dirección actuales, mucho menos empáticos y más centrados en el diseño de sí mismos. Reconocer que el conocimiento se halla en las personas se hace evidente en una dirección que respeta, se informa y contrasta sus decisiones con quien ha de llevarlas a cabo.

En la misma línea, el empoderamiento, la responsabilidad sobre los resultados y la vinculación directa y clara con el usuario de los mismos son los únicos resortes para la implicación, el compromiso con la organización y el deseo de trascender con ella. Ellos utilizaron la palabra integración para dar más dimensión a la interrelación entre ellos mismos y entre ellos y la ciudadanía a la que, en definitiva, servían.

Si se quiere, el conocimiento no se jubila e incluso puede seguir siendo un activo importante para la organización en muchos aspectos, no tan sólo en cuanto al valor y funcionalidad del conocimiento experto en sí mismo, sino por la libertad y frescura del punto de vista y el propósito sinceramente generoso de quien lo aporta. Articular una reunión del tipo de la que se describe aquí es tan sencillo que mueve a pensar en la naturaleza del porqué, en la práctica, la hace original, difícil y alejada de la mayoría de las iniciativas que dicen preocuparse por el conocimiento de la organización.

Llevar a cabo actuaciones de este tipo, con antiguos trabajadores con los que supuestamente ya no existe un vínculo interesado con la empresa, aumenta la confianza en la sinceridad y propósito de la acción y se vuelve, como un boomerang, en una herramienta poderosísima de reconocimiento para las personas que se hallan en la organización.

Para finalizar, tal y como recomienda Kahneman hay que contenerse y situarse bien en el aquí y en el ahora ya que la heurística de nuestro pensamiento nos lleva a malinterpretar la situación y a decidir precipitadamente que hablar con jubilados viene a ser como retrotraerse al siglo pasado sin caer necesariamente en la cuenta de que estos cuerpos no han sido exhumados y que participan del mismo presente que nosotros, de su tecnología, preocupaciones y vocabulario, con la única y valiosísima diferencia de la dimensión temporal de la óptica de la que parten. Esto lleva a pensar que el interés no es tanto hurgar en el pasado como interesarse, con ellos, por cómo abordar el presente.

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Las fotografías corresponden a la reunión llevada a cabo en la planta de Cañás [Carral, A Coruña] el 08/03/16.


8 comentarios:

  1. He tenido la suerte de compartir la relajación y la alegría que desprendíais al salir y después, durante la comida, pero el relato de tu reflexión no ha hecho sino estimular mi impaciencia esperando por esa “integración en una melodía audiovisual”. Iago nos tiene a todos expectantes…

    Es cierto que este proyecto es tan vivo como goloso pero, tras leer tu artículo reposadamente, pienso en las nuevas vetas e insospechadas galerías que tú estás abriendo :-) De hecho, este post me sitúa más en las conversaciones que venimos manteniendo desde aquellos tímidos inicios de la idea (allá por 2013) que en el comentario. No me había dado cuenta hasta ahora de que algo de esa integración de la que habéis hablado en Cañás sirve también para definir a este magnífico cuarteto sobre el que reposa el proyecto.

    Hacía mucho tiempo que no me sentía tan estimulada a actualizar aprendizajes, tanto con su desarrollo y las personas que participan en el proyecto como con la relación de cocreación, colaboración y cooperación que hemos ido desarrollando.

    También reconozco que estoy un poco desorientada entre tanta acción, tienes razón, tengo que obligarme a escribir, algo que me será más sencillo ahora a partir de tu reflexión. Gràcies Manel. Una abraçada :-)

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    1. No me extraña, este proyecto se va ramificando como la “red de aguas” y es normal que tanta complejidad aturda un poco, aun así conozco a pocas personas con tu capacidad de ordenar, contener y sistematizar en la medida en que lo necesitan este tipo de proyectos.

      Muchísimas gracias por incluirme en este desarrollo minero, de hecho las gracias son por abrirme este espacio de investigación y conocimiento y enriquecerlo con nuestras conversaciones.

      Una abraçada, Isa :)

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  2. Diría que las vetas están ahí para trabajarlas en equipo. En los pocos que voy sacando de la experiencia de Cañas se aprecian perfectamente las que extraía el Sr Muntada, que con algunas miradas y unos pocos gestos va, no conduciendo, sino canalizando, permitiendo pasar de en potencia a acto.

    Sucede que en estos entramados mantener las distancias es complicado. No en el sentido de barreras, sino de encontrar los puntos precisos desde los que mirar. Y a veces se falla en el tiro, claro, pero en un proceso de conjunto a lo que hay que intentar dirigir la mirada es al global, y este global puede ser algo tan aparentemente anecdótico como mi recorrido mañanero de hoy con Manuel (Manolito) Aldao, a quien pude grabar revisando un contador al tiempo que un enorme boxer intentaba en repetidas ocasiones avalanzarse sobre él, que ya me pidió que le pasara ese fragmento para poder enseñar que su aparentemente apacible labor no está exenta de riesgos. Tras el encuentro con el perro, Manolito habló con una vecina para informarle de que en la casa vacía de su hermano hay una fuga y que el contador le va a dar una desagradable sorpresa. La señora quedó inmensamente agradecida, a la par que preocupada, y encantada tras comprobar que el revisor seguía siendo el tipo encantador de siempre pese a haber aparecido esta mañana con un pirado persiguiéndolo con una cámara.

    Son, en fin, esas pequeñas ventanas a un tejido cotidiano que a todos, yo creo, nos está sorprendiendo :)

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    1. Me parece extraordinaria la ventana que abres con tus documentos audiovisuales Iago, creo que es el elemento fundamental del proyecto, la pieza que lo convierte en algo realmente potente. He entendido que no se trata tan sólo de plantar la cámara y grabar, sino de capturar cada momento tejiéndolo en sus detalles, sonidos…crear el estímulo suficiente como para despertar la empatía necesaria que permite interiorizar lo que se escucha y se ve, hacerlo propio y con ello remover recuerdos, sentimientos, percepciones para resituarlas junto al mensaje que lanzas. Realmente un trabajazo.

      Lo que cuentas de Manolito me recuerda a la reunión de Cañás, cuando se comentó la integración con la ciudadanía a través de detalles como la lectura del contador, grande…:)

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  3. Muy interesante Manel!

    Por aquí estamos haciendo intentos de retener el conocimiento, al menos el más explícito (red de contactos, recursos que utilizas, nivel de relación...). Pretendemos desde algo más pragmático llegar a algo más elevado (como lo que planteas).

    Realmente tiene un punto un poco triste eso de marchar y que todo siga igual,no? En nuestro caso además llevan décadas en la organización. Todos, con más o menos razón, nos creemos importantes, poseedores de un conocimiento crítico relevante para la organización. Hay un cierto punto de narcisismo en el pensar que sino estamos algo se dejará de hacer o el servicio será peor. ¿Pero es real?

    Marchar después de tanto tiempo con un piscolabis y poco más cada vez me impacta más. Igual más que intentar retener conocimiento (que también) lo que se necesita es lo que planteas, una conversa, el dejarte ir, el explicar cuanto hemos cambiado, el contar como hemos aprendido.

    Bueno, nos vemos pronto ;)

    Robert

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    1. Hola Robert,

      Coincido absolutamente, es una pena la poca importancia que se le da al conocimiento, he llegado a pensar que éste es uno de los motivos por los que, realmente, evolucionemos tan lentamente. Por mucho que se diga que lo nuestro es aprender continuamente y que como especie llevamos a fuego la transmisión y asimilación voraz de conocimiento, lo que parece es que sea más bien un impacto indirecto de nuestro estar unos con otros que esa búsqueda activa con la que nos investimos en el concepto que tenemos de nosotros mismos. En fin, no me hagas, caso ha sido un momento de “descargue” ;-)

      Uno de los atractivos de esta experiencia de A Coruña es que de repente te das cuenta de que con la jubilación las personas no desaparecen necesariamente, que siguen en el mundo y que, por lo tanto, ese estadio laboral no es en sí mismo una frontera, tal y como suele considerarse [de ahí el título: el conocimiento NO se jubila], para aprovechar ese conocimiento experto y las conexiones que sigue estableciendo en el cerebro de estas personas tanto individualmente como cuando se las reúne.

      Una abraçada!

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  4. Maravilloso escrito. Inmenso. Gracias por compartir.

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    1. De nada Alberto, para mi una satisfacción que sirva.

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